Apunte nº 69
LA CAPILLA MAYOR DE LA IGLESIA PARROQUIAL DE BLACOS.
(PARTE 1)
La capilla mayor de una iglesia es el lugar más prominente e importante de la iglesia. Allí el sacerdote realiza la liturgia de la eucaristía y se guarda el pan consagrado. Situada en el testero de la iglesia y separada del resto de la nave por un arco de gloria o arco de triunfo, alberga el elemento principal de la iglesia: el retablo mayor. Todo ello conforma un escenario donde los fieles centran su atención en los actos litúrgicos.
De la iglesia de Nuestra Señora la Mayor de Blacos tenemos precisa información por los libros de fábrica que parte de 1711, los libros sacramentales del Archivo Diocesano y de los protocolos notariales de Archivo Provincial.
Cuando se entra en la iglesia nuestra vista se dirige a tres lugares: en primero es (a) la capilla de San Acacio, por encontrarse frente a la puerta; el segundo lugar es (al) el altar de la Virgen del Rosario, que atrae por su luminosidad; y finalmente la capilla mayor con su altar. (Hacia 1818 la puerta tenía mampara).
Una iglesia recrecida y con origen desconocido.
La iglesia, tal como la observamos, es un recrecimiento en altura y anchura de su primera construcción, con los añadidos de capilla y sacristía. Hasta mediados del siglo anterior tuvo un pórtico de pilares de madera y un granero con acceso al campanario.
La ampliación más importante se realizó en el siglo XVI como consecuencia del aumento de población de la localidad y la necesidad de espacio para los enterramientos, que por estos años se comenzaron a realizar preferentemente en el interior de la misma.
Antiguamente, sin poder precisar la época, la iglesia debió ser un templo pequeño al tenor de la pequeña espadaña-campanario incrustada en la actual. Se agrandó por el siglo XIII como se puede apreciar en el lienzo de sillarejo donde se ubica la portada, de estilo románico tardío, y la nave rematada con ábside cuadrado. Durante el siglo XVI se levantó y alargó la nave y se construyó la sacristía. Finalmente, en el siglo XVIII, se construyó la capilla de San Acacio sobre el cementerio de la sacristía, la galería porticada y el granero.
La Capilla Mayor ocupa casi la tercera parte de la nave. Está separada del resto de la nave por un arco de gloria de medio punto, dovelado, que descansa en las impostas y las jambas.
El espacio del templo era más que suficiente para acoger a todos los fieles ya que normalmente estos permanecían en la iglesia de pie, reservándose los bancos bajo la tribuna para las personas mayores y los bancos de la capilla mayor para autoridades y mayordomos.
La capilla mayor se divide en dos partes, separada por una balaustrada: el testero donde están el altar mayor y los altares colaterales y una pequeña puerta que da paso a la sacristía, al norte; y otra que recuerda un presbiterio, donde estaban los bancos de autoridades, flanqueado por dos grandes y oscuros cuadros, uno del Cristo de Burgos (de 1794) y al otro lado el arcángel San Miguel (de 1799).
El primer arreglo
En 1599 se solicita al obispo arreglar la capilla mayor por haberse roto la viga cumbrera y tener necesidad de retejar. Había serio peligro de derrumbe con las aguas del otoño. El cura era Alonso Portillo y el mayordomo era Pedro de Gonzalo. Se encargó la obra el 26 de julio de este año y debía estar acabada para el día primero de diciembre. Los encargados de realizarlo fueron el maestro de cantería Juan de Aparicio y de carpintería Juan Pérez. (1), (2)
Solicitud al obispo y autorización del vicario General del mitrado. Las condiciones están en el anexo I, al final. Escrituras del Protocolo Notarial (Archivo Histórico Provincial de Soria), caja 2912, año de 1590, ff: 434 r, v
El segundo arreglo
Casi medio siglo después, la capilla colapsa y es preciso levantarla nuevamente. En un principio se contrata a Domingo del Campo, cantero de Soria, pero este cede la obra a Martín García de la Honda, vecino de Soria. El contrato se hizo ante el escribano José Zapata, el 5 agosto de 1645, en Soria. En el pacto se decía que debían acabar para San Juan del próximo año de 1646, y el valor de la obra ascendía a 2.850 reales.
Ocurría frecuentemente que se empezaban obras sin haber pagado las anteriores, cosa que desaconsejaban los prelados, y otras veces ocurría que se quedaban sin fondos para continuar. Esto último les ocurría tanto a la iglesia como al concejo, que también aportaba recursos para los arreglos y la compra de mobiliario. (3). Así en 1646 se ven obligados a pedir un préstamo para seguir con las obras de la capilla mayor, que las estaba llevando a cabo el citado “supra” Martín García de la Honda. Como solo tenían 2.000 reales, el mayordomo Pedro Pérez y el párroco Pedro Gonzalo, acuden al obispo Antonio Valdés en su socorro. Se le concede un censo de 100 ducados, pagando de réditos 55 reales cada año, desconociendo el año que se redimió. (4)
El tercer arreglo
El tres de julio de 1654 se firma un nuevo contrato para el arreglo y adorno de la capilla mayor. Obra muy inferior a la anterior. Los oficiales que realizarían la obra serían por la escritura del contrato Pedro de Gandara Cuevas, del Valle del Liendo (Cantabria), Francisco Ortiz y Juan de Landeral. La escritura se hizo bajo aprobación del obispo Antonio Abades, cuyo coste era de 600 reales pagados para San Miguel, del presente año. Las condiciones de la obra de la Capilla Mayor consistían en la realización de la bóveda y el lucido de las paredes. La bóveda debía ser de piedra toba con buena mezcla de cal y arena, “derrandola” por las aristas y forrada por arriba y por debajo de cal y arena.
“es condición que ha de lucir de yeso cernido la dcha bóveda echándole sus lunetas, fajas y refajas de la (no se entiende) para que equede de buen parecer”.
También se lucirían las paredes de cal y arena, luciendo con “yeso cernido”. Las maderas y los clavos para el andamiaje los debía poner el pueblo. También debían traer todos los materiales al pie de la obra, como eran la piedra, tierra, cal, arena, agua, madera y yeso. Se pagaría 100 reales el día que se empezase la obra y se debía pagar cada semana a los oficiales y peones. Posteriormente, se abonaría la tercera parte a la mitad y la otra tercera parte al acabar.
….. Continúa en la parte 2
![]()
![]()
AHPSO. P.N. de escribano de número del B. de Osma, Pedro Escalante, caja nº 2965 ff. 153, 154r, v
----------------------
NOTAS ACLARATORIAS
1) Existe un contrato ante el escribano del Ayuntamiento del Burgo, Bartolomé de Espinosa. Caja 2912. ff: 434 al 436. En este mismo año de 1599 se arregla la iglesia de Torreblacos habiendo contrato (misma caja folios 20,21. También se arregla la iglesia de Torralba, por tener la capilla mayor muchas piedras movidas (ff: 191-193) Las obras las autoriza el obispo Pedro de Rojas y Enríquez (1595-1602)
2) En este mismo documento se autoriza a arreglar otra viga y retejar la ermita que debía estar en malas condiciones.
3) En el testamento del escultor Joseph Rodríguez, del año1644, natural del Burgo de Osma, dice que el concejo y vecinos de Blacos le deben 106 reales de las tallas de San Laurencio (San Lorenzo) y San Marcos. También dice que le debe el escultor de Soria Pedro Cicarte y el concejo y vecinos de Boos por el retablo del Santo Cristo. (también este concejo pagaba los retablos con dinero de sus propios).
Pedro Cicarte, era de Soria, hijo de Pedro Cicarte, ensamblador. Hizo el relicario de la iglesia parroquial de Rioseco, que posteriormente se colocó en el nuevo altar mayor. Era entonces cura Pedro de la Flor, y Geronimo de la Flor era el escribano del Burgo. El relicario se colocó en el altar mayor, realizado por Francisco Morales, ensamblador del Burgo, por 300 ducados. Lo acabaron de pagar en 1649. Se doró en 1659, por 3.000 reales. No pudiéndolo pagar el mayordomo, Juan Simal, toma un censo en Zayas de Torres, hipotecando bienes propios y rentas de la iglesia.
4) El 22 de noviembre de 1645, Pedro Pérez obtuvo la licencia del provisor del obispo, Matías López de Valtablado. Se le concedía permiso de los 100 ducados de principal y con la obligación de pagar los réditos con los bienes y rentas de la iglesia. El censo se concedió el 2 de enero den1646, pagadero en casa del obispo. Se les exige que los bienes hipotecados estén en pie, bien reparados y laborados y la obligación de reconocer el censo cada diez años. Se alegaba que estaba toda la capilla al descubierto y era urgente. (AHPSO, Protocolos Notariales del escribano del Burgo, Lázaro de Torres, caja 3077, ff 266 al 269, r, v.)
----------------------------------------
Pinto a 6 de abril de 2026
Serafín Pérez García
ANEXO I:
Arreglo de la Iglesia parroquial de Blacos. Escrituras del Protocolo Notarial (Archivo Histórico Provincial de Soria), caja 2912, año de 1590, ff: 434r, v.
CONTINÚA EN LA PARTE 2 ...