OBISPO MANUEL ANSELMO NAFRIA SANZ

 







Apunte n.º 72

OBISPO MANUEL ANSELMO FRÍAS SANZ Y SUS FAMILIARES EN BLACOS Y CALATAÑAZOR

Manuel Anselmo Frías Sanz nació en Torreblacos y murió en Coria (Cáceres) el 28 de junio de 1851.  El cura D. Alfonso García (natural de Blacos, escribió en el libro de bautizados:

“bauticé y puse los Santos Oleos y el Chrisma” a un niño nacido el día 21 de abril de 1784 entre las siete y las ocho de la noche”

Tuvo de padrino de bautismo el sacerdote Juan de Rioseco, natural de Torreblacos, que entonces era capellán de número de la catedral de Osma. 

Manuel Anselmo era hijo de Tomas de Nafría (de Blacos), y de Ángela Sanz, (de Torreblacos). Ambos se casaron en 1774 en Torreblacos y allí vivirían.

Los abuelos paternos de D. Manuel Anselmo eran de Blacos: se llamaban Manuel y Bernarda García. con ellos tuvo mucha relación. 

Los abuelos maternos eran Manuel Sanz (de Rioseco) y María del Burgo (de Torreblacos). No los conoció, de hecho, en la boda de sus padres ya habían fallecido.

Tuvo cinco hermanas: Manuela Cruz, Micaela, Baltasara, Rufina y Gerónima Manuela. Él era el cuarto hermano.

Estas familias eran muy pobres: por dar algún detalle, a la abuela materna se le asignó una dote en 1724 de 260 reales para casarse, procedente de una “memoria para casar doncellas huérfanas y pobres de D. Pedro Blanco y García, maestreescuela de la Catedral y natural de Blacos. Según el Catastro de 1751, Manuel Nafría tenía casa en el medio del pueblo de Blacos y se dedicaba a comprar, vender y transportar a la sierra. Poseía tres reses vacunas, dos pollinos, seis cerdos y ocho lechales Tenía de utilidad (lo que ganaba al año) de 174 reales, la mitad de la media de los vecinos del pueblo.

D. Evaristo González Soria, cura de Blacos y Torreblacos (1952-1958) en la visita pastoral que realizó el Obispo Saturnino Rubio Montiel sacó recitó este poema:
Aunque pobres
Nos gloriamos
De un pastor haber dado
Que nació en Torreblacos
Y en Coria
Guardó el rebaño
El muchacho tuvo que ser despierto de pequeño y la familia fue orientada para darle estudios. Tenía de parientes de Blacos y Torreblacos, casi todos curas, que animarían a los padres a llevarlo al Seminario.

Para cursar estudios era preciso contar con dineros que la familia no tenía. Pudo acceder a los recursos de sus parientes curas, pero sobre todo sabemos que se dotó de la “memoria para estudiantes” que fundó Don Pedro Blanco García (natural de Blacos) a finales del siglo XVII, maestrescuela que fue de la Catedral de Osma. (1).  

El último estudiante dotado de esta memoria fue en 1825 José Pérez (de Blacos), hijo de Gerónimo Pérez. Y en el libro de fábrica de esta obra pía, dice que el anterior estudiante dotado fue Alejo Sanz (de Torreblacos). Sorprendentemente en el asiento contable de éste, se dice que el anterior beneficiado fue “Manuel Nafría”, es decir, Manuel Anselmo Nafría y Sanz.

Económicamente tuvo que recibir ayuda para sus estudios universitario. Estas pudieron bien provenir de D. Alfonso García (+1795), su tío, cura de Calatañazor, nacido en Blacos; y de otros familiares de Rioseco, como fue Melchor Sanz (1757), secretario de Calatañazor; y de su pariente el sacerdote Juan de Rioseco (Torreblacos - +1794, en Osma) que era presbítero de Osma. Sin descartar de los curas coetáneos Manuel y Ramón Nafría (los dos de Blacos) (2)

 

Protocolo notarial realizado el 25 de febrero de 1806 donde el padre de Manuel Anselmo, Tomás, se obliga a pagar al depositario de anualidades del Seminario, Ángel Itero, 450 reales en el mes de mayo, con la dote de la memoria que dice de Francisco de las Cuevas (1624-1689), cura que fue de Blacos y Torreblacos y de Matías Nieto, memoria hecha en Torreblacos. 350 reales por la muerte del estudiante Juan Sanz y los otros 100 de la renuncia del racionero de la Santa Iglesia de Osma (catedral) Ramón Nafría. (AHPSO, PN del año de 1806, f. 69 rv. del escribano Manuel Ximénez. Caja 3205)  

A los 15 años ingresó en el seminario de Santo Domingo de Guzmán, y a los 22 era diácono. Con 24 años fue presbítero (sacerdote).

Para entrar en el seminario se debía hacer “la prueba de sangre”, para concluir que procedía de cristianos viejos, es decir que sus familias eran buenos cristianos. El dictamen se dio el 9 de septiembre de 1799

En el colegio Universidad de Santa Catalina fue Bachiller en Artes (parte de Filosofía, Retórica y Dialéctica) (31-5-1799), Bachiller en Teología (11-5/- 804) y Licenciado y Doctor en 1806.

Fue profesor del Seminario y de el de Tarazona. Posteriormente fue canónigo magistral en la Colegiata de Logroño y lectoral en la de Calahorra en 1816, donde entre otros cargos fue el de visitador de la diócesis (personas con formación en cánones y teología, que controlaba las parroquias y sus libros de fábrica, sacramentales, y las actuaciones de los párrocos en todos los aspectos, y les orientaba). En 1848 fue obispo de Coria (Cáceres), tras ser consagrado en la colegiata San Isidro el Real de Madrid.

 Desconocemos que labor realizó en los años en los que fue clausurado el Seminario, durante la contienda de la guerra contra Napoleón. Algunos apuntan que se mudó a Tarazona.

La lámina es un recuerdo de su consagración como obispo para sus familiares. Procede de la familia de D. Hilario Sanz Ropero (Blacos), posiblemente de su abuelo Mariano Sanz López, de Torreblacos

Nueva y extensa familia en Calatañazor

La familia del obispo estaba muy relacionada con Calatañazor. Su hermana Rufina se casó con Manuel Herrero Hernando y Marquina, residiendo en Calatañazor. De este matrimonio tuvieron a Manuela Nicanora Herrero y Nafría que se casó con Joaquín Ondategui, administrador del Duque de Medinaceli en el señorío de Calatañazor (3).

Este matrimonio se formalizó en 1789 y les caso su tío D. Manuel Anselmo Nafría y Sanz, que ya era por entonces canónigo doctoral de la Santa Iglesia Colegial de Calahorra y capellán en la Villa de una capellanía que fundó María Sánchez Serrano.  Esta fue una boda muy sonada, a la que asistieron el cura de Olmillos, el de Boos, el de Carbonera, y el de la Villa, que era entonces Valentín Ochoa Mareta. Tuvo que ser una boda de las buenas. Imaginemos la iglesia a reventar con todos los invitados de Blacos, Torreblacos y Calatañazor.


                         LA FAMILIA DEL OBISPO

También casó a su sobrina María de las Candelas Herrero Nafría y Marquina, soltera, el cinco de julio de 1814, con el soltero Don Felipe María Ortiz y Ortiz, natural de Salas de los Infantes. Los padres de ella en esta fecha ya habían fallecido. (5)

 “Les casa D. Manuel Nafría, presbítero Capellán de la Torre de Blacos y catedrático en el colegio seminario de Osma, estando presente el Licenciado José Martínez (cura de la Villa” “casó y veló” “in facie eclessie”. (Libro de casados de la parroquia de Calatañazor)

Fue querido y muy recordado. Fue padrino de bautismo de muchos de sus sobrinos y resobrinos, como fue el de Encarnación Ondategui y Herrero. Todos sus sobrinos le recuerdan en sus mandas testamentarias y dan limosnas para hacer misas por su alma. Cuando muere Rufina, en su testamento que está en Almazán, también manda por su tío Ramón de Nafría.

Don Manuel Anselmo también poseía una capellanía en Torreblacos y en Valdelinares, que fundó Martín Nieto, capellanía que fue desvinculada en 1869 y que poseían los herederos del obispo. En este mismo año se redime la capellanía de los Marquina de Calatañazor que poseían Manuela Herrero y herederos, parientes de D. Manuel Anselmo.

Al año siguiente de fallecer el obispo, en 1852, se venden sus heredades conjuntamente con las de Hilario Sanz.

Este obispo es conocido por ser antiliberal. No nos ha sido posible acudir al Archivo Capitular de la catedral de Coria (Cáceres), donde creemos que hay documentación que nos puede ayudar para completar estos apuntes. Asimismo, tampoco sabemos si realizó testamento ante el escribano de la ciudad, donde era costumbre citar a sus familiares.

El escudo de Don Manuel Anselmo está partido en dos. A la izquierda hay un candelabro que simboliza la fe y la verdad. A la derecha una espada clavada, con alusión al martirio de San Pablo, que era el patrón de su pueblo natal, y a la doctrina.

También dos ruedas en alusión al Colegio Universidad Santa Catalina, que fundó el obispo Acosta, y al Seminario del Burgo. En el centro, en una almendra, hay un castillo cómo símbolo de fortaleza del alma que es orientada por una estrella. Sobre el escudo la mitra y el báculo, símbolos de los obispos.                --------------------------------          

NOTAS ACLARATORIAS 

1)  Pedro Blanco García (1601- 1664), fundó una memoria para ayudar a estudiantes y doncellas pobres, que se aplicó entre los años de 1669 y 1815.Fue dignidad de maestrescuela y coadjutor de la iglesia de Osma (la catedral). Los estudiantes lo disfrutaban durante 10 años siempre que continuaran sus estudios y acreditasen su aprovechamiento.

2) A Idelfonso García, se le dio 2250 reales por 8 años, a 280 reales por año. En 1756 a Ramón de Nafría, de Blacos, a razón de 680 reales por 4 años.

Algunos de los agraciados desconocemos si acabaron sus estudios. Algunos no, y fueron después sacristanes y maestros. El seminario estuvo suprimido durante la invasión francesa desde el 18 de octubre de 1808 a enero de 1813. Por lo que probablemente no se diera ayuda a ningún estudiante. Del siglo anterior no hay anotaciones de dotación ni de contabilidad, habiendo desaparecido los folios.

3) Joaquín de Ondategui (+1862), era natural de Gumiel del Mercado, hijo de Domingo Ondategui (de la Horra) y de Manuela Abades (de Cadencia-Madrid).

Domingo participó en la construcción de la torre campanario de la catedral del Burgo y de las arcadas superiores del palacio de los Condes de Gómara, la iglesia de Tajueco, en entre otras obras.

De Joaquín, ya hablamos cuando denunció a varios curas del señorío por hacer el reparto de diezmos perjudicando a los intereses del duque de Medinaceli. Joaquín, una vez suprimidos los señoríos, se fue a prestar servicio al duque a Las Navas del Marqués (Avila). Volvió a Calatañazor, donde murió. Su cuñada, María de las Candelas Herrero Nafría y Marquina, dispuso a su muerte “por su indigencia, varios oficios y novenas”.

4) En 1772 Manuel Herrero era menor y tenia de tutor a Antonio Herrero, vecino del Burgo y ostentaba el mayorazgo de Marquina.

Los Marquina, eran los poseedores de un mayorazgo que fundó en Calatañazor a finales el siglo XVI el alcalde mayor Alonso de Marquina, natural de Torreblacos, hidalgo probado en 1559.

Los Marquina poseían terrenos en varios pueblos de la zona.

El poseedor del mayorazgo tenía la obligación de utilizar el sobrenombre de Marquina.  También tenía una capellanía en la iglesia de San Esteban en Soria, que por esta época la iglesia estaba ya derruida y la patrona de sangre era María de las Candelas Herrero Nafría y Marquina (+1864).

 En 1850 se le adjudicó la capellanía a su sobrino Ignacio Ondategui (1834 -1899), cura de La Aldehuela. En Blacos siempre se ha hablado del colmenar de esta señora, cerca de la fuente Malcristiano que, por su singularidad, debería haber sido catalogado BIC por patrimonio. Este colmenar tiene varias historias que se contarán en otros apuntes. La capellanía tenía rentas de varias heredades en Rioseco, arrendadas por nueve años, y dos casas en Calatañazor y un palomar que estaba al ábrego de una de las casas y que pagaba de renta diez medias de palomino y seis pares de pichones. Que el palomar perteneció a Manuela Nafría lo sabemos por la venta de una casa en 1845, donde se dan los linderos.

Bernardo Herrero, vecino de Rioseco, en 1747 mandó se reconociese ante   el tenente alcalde mayor las tierras que eran de su mujer Ana María Castany y Marquina.

Decían que Alonso de Marquina, que era de Soria fundó en la jurisdicción un mayorazgo, que era poseedor Fray Blas Gastany y Marquina, religioso de la Real Militar Orden de Nuestra Señora de la Merced, hermano de su mujer, y que a título de su profesión hizo renuncia a su favor, por la sucesión de dicho mayorazgo con ciertas condiciones (las desconocemos).

5) En la boda “en su lectura intentó poner impedimento D. Venancio Sanz, medico Titular de esta villa y su partido a representación de su hijo Antonio Sanz, ocurriendo para ello al Tral Ecc. De este obispado y no por su decreto del cuatro de este mes tuvo a bien de declarar no ser impedimento que puede estorbar la celebración de dicho matrimonio dando las facultades al cura párroco de esta villa a su tenente, para que les casase, desponse y velase en tiempo y forma no resultando otro algún impedimento”--------------------------------------------

 

 

Blacos, a 24 de mayo de 2026

Serafín Pérez García

Serafin.perez.2014@gmail.com 


 

 


LA CAPILLA MAYOR DE LA IGLESIA PARROQUIAL DE BLACOS (3)

 






Apunte nº 71

LA CAPILLA MAYOR DE LA IGLESIA PARROQUIAL DE BLACOS.

(PARTE 3)

Estilística del retablo mayor

La traza del retablo es clasicista, de la llamada tercera etapa del romanismo oxomense, estilo que se realizaba por esta época en los talleres de la diócesis y que mostraba algunos rasgos del incipiente barroco.

El retablo apoyado sobre una bancada, se compone de una predela (pintada) y es de un solo piso, con tres calles, y un ático. El piso tiene dos cajones laterales, con sus molduras y un hueco central donde está el tabernáculo compuesto por un sagrario y un expositor de custodia. La hornacina de la virgen se sitúa en  el centro del retablo.

Tiene dos columnas adelantadas, que se sustentan sobre dos ménsulas de hojas carnosas, y dos atrasadas, en los extremos, que sustentan su basa sobre la predela. Las columnas son jónicas y acanaladas y limitan los cajones.

El entablamiento está cortado en la calle central que ha sido sustituida por una tarja con roleos carnosos. El friso también está adornado con estos roleos y de la cornisa penden dentellones.

Sobre el piso se ubica el ático, que cobija un calvario. Éste lo conforman dos machones soportados por sus netos, cajoneados y con festones.  El ático está rematado por un frontón en arco (sobreático), y en su tímpano hay roleos abultados. 

La unión del ático con el entablamiento se realiza mediante un frontispicio a modo de arbotante o alatón, decorado con un botón o florón.

En el centro del retablo, sobre el tabernáculo se encuentra la hornacina de la Virgen, compuesta de un arco de medio punto, con su chambrana, su imposta, y las jambas cajoneadas y con guirnaldas verticales.  Los enjutos del cajón están sin decorar.

La imaginería de bulto se compone de la Virgen, que creemos que es de vestir, en el centro, y en los cajones laterales San Pedro, al lado del evangelio, y San Pablo, al lado de la epístola. Ambos santos miran centrados a la mesa de consagración. Ambos vestidos con túnicas romanas. San Pedro, porta unas llaves (postizas del año 1686) y el libro fundacional de la Iglesia, y San Pedro porta sobre la mano izquierda un libro que infunde sabiduría espiritual a los fieles y faltándole la espada de su decapitación, símbolo de la palabra, el verbo, de la misión de predicar. Ambas estatuas son manieristas posclásicas con atisbos al barroco. (1)

Faltan los cuatro evangelistas que debían ir en las peanas, en la línea de las columnas. Actualmente hay dos franciscanos que desconocemos su procedencia y están recolocados.

El ático cobija un calvario encuadrado en un marco de ovas, símbolo sublime de la redención, con el crucificado y las imágenes de la Madre y de San Juan Evangelista, “el hijo amado”. La cara del cristo tiene expresión de relajación tras la muerte y las otras dos son indefinidas.  La cruz está cortada en la parte superior para encajarla en el cajón. Este detalle nos da a entender que el calvario procede de otro altar. Las figuras son romanistas manieristas tardías. El fondo está pintado con el sol y la luna sobre la ciudad de Jerusalem. (2)

En conclusión, el retablo es clasicista, romanista y con motivos que apuntan al barroco, como pueden ser las tarjas con roleos carnosos, que de forma rítmica se coloca sobre los apóstoles, en el centro del friso y en el tímpano del sobreático 

                 

Pinturas de la predela: Visitación, Natividad de la Virgen (patrona del pueblo) y la Adoración de los Reyes Magos

Los altares colaterales:

Los altares colaterales acompañan al altar mayor. El de la parte del evangelio, con una Dolorosa, con manto negro, rigurosa y el de la epístola está dedicado a San Antonio de Padua. Se completan ambos retablos con otros santos a los que identificamos por sus atributos y por las referencias de las mandas de misas funerarias.

La Virgen de la Soledad es del año 1858, muy posterior a los altares que son del siglo XVIII, y de los que no tenemos escrituras de los contratos de los escribanos del Burgo, por no haberse hecho en este municipio. Tenemos algunos datos que proceden de la Carta Cuenta de la parroquia. Por el estilo están realizados en el mismo taller y por las mismas fechas. En el ático está Santa Bárbara, santa invocada por el temor a las tormentas, pedriscos, incendios, etc. Acompañan a la Virgen Santo, Domingo de Guzmán, patrón de la diócesis, y otro dominico que bien pudiera ser Santo Tomás de Aquino.

El altar del lado de la epístola es de advocación a San Antonio de Padua.  Data su compra del año de 1753. Costó hacerlo con los cuatro santos que le “adornaban” 1.700 reales que pagó el mayordomo al que hubo que sumar otros reales que 300 que pusieron los devotos.

Tres años más tarde se doró gastándose tanto como costó el mueble, 2.049 reales. El santo de la izquierda es San Bartolo, (en su honor celebraba junta y merienda la cofradía de San Miguel) y el de la derecha San Blas (protector de los problemas de garganta) En el ático está San Antonio Abad (San Antón), protector de los ganados y de todos los animales domésticos.

Altar de la Dolorosa y altar de San Antonio                                                                 

En el año1815 se rehicieron las mesas de ambos altares. Costaron 791 reales. Podemos afirmar que estos altares eran de santos a los que hacían peticiones, daban protección y por ello a sus costados se colocaban exvotos, con evocación al favor solicitado.    


 

San   Antón (Antonio Abad)   y     Santa Bárbara     

 

                                                                                 San Francisco                                                                 San Bartolomé

  

                                                                                                       San Blas Abad                                San Antonio de Padua  (3)

Obras posteriores al acabado del retablo mayor.

El siglo XVII y XVIII fueron los dos siglos de mayor número de actuaciones. En la capilla mayor se gastaron 366 reales para la compra de baldosas para enladrillar la iglesia y maderas para la decoración de las sepulturas.  Se embaldosó el pórtico y se compuso el granero en 1695.

Acabado el retablo mayor y dorado y estofado se amplía la ventana de la capilla con el fin de contemplarlo en (su) todo su esplendor. Ventana que por cierto debilitó el muro y más tarde colapsó, como puede apreciarse actualmente por el mal arreglo realizado.

En 1749 se realizan unas peanas de piedra de sillería rematadas a los lados del altar y las gradas de las sepulturas de los curas, y la primera en la entrada a la capilla mayor.

En 1771 se contrata a Vicente Constino Manzano  para revocar y encarnar las imágenes de san Pablo y san Pedro, la imagen de Nª Sª y San Juan, pintar el pabellón y los cortinajes del retablo mayor y los tronos de otras imágenes, ocho frontales para el altar mayor y los colaterales.  El encarnado de cinco cabezas de serafines y sepulcro de dicho altar del sepulcro por 1686 reales.  Debemos suponer que donde estaba la dolorosa era el altar del sepulcro. En este año también se compran unas llaves postizas para San Pedro. En 1788 se adquieren tres mesas para el altar mayor y los dos colaterales por 900 reales. Hubo que esperar doce años para dorarlos por 750 reales, pero 15 años después se sustituyen las mesas de los colaterales y el de la Virgen del Rosario. La mesa del altar mayor se dora a principios del siglo XIX.

Otras obras de la iglesia

Teniendo tantos gastos como se tuvo con el retablo mayor, no entendemos como trece años más tarde, en 1677, el visitador Nicolás de Torres manda que se haga un soportal para la iglesia que se realizó al año siguiente y costó 5.534 reales. Para poder pagar fundaron cuatro censos. Y un año más tarde se compró un púlpito que costo 60 ducados (936 reales)

En 1684 Francisco de Tordesillas, maestro cantero, carpintero y albañil, por la obra del granero cobró 800 reales (2.626 maravedíes) y 81 reales por 50 fanegas de cal, 154 reales por piedra y cabios; y dos cántaras y media de vino que pagó el concejo. Tres años más tarde, en 1687 se gastan 12 fanegas de cal para el granero que costaron 115 reales.

 En 1747 se realizó la capilla de San Acacio, sobre el cementerio de la sacristía. Costó 2.147 reales, pagados dos años más tarde. Del contrato de esta obra no tenemos documentación, pero si los gastos de las diferentes obras que se hicieron como fue hacer la ventana grande en la sacristía. El altar que la preside es posiblemente el más antiguo de la iglesia, de estilo del segundo romanismo-marianismo, de finales del siglo XVI, y que quizás fuese el altar mayor, sin saber (que) a qué santo o Virgen le correspondía.  Ocho años después se compra la mampara que costó 26 reales. En 1818 sabemos que la entrada de la iglesia tenía esta mampara, con un postigo (puerta pequeña) para cortar los aires, desconociendo en que año se quitó.

NOTAS COMPLEMENTARIAS

1) La yuxtaposición de las figuras de San Pedro y San Pablo fue una costumbre del manierismo. Por otra parte, dentro de la jerarquía de los santos, San Pedro es la cabeza de la Iglesia y por eso se coloca a la parte del evangelio. Los evangelistas se colocan como testigos de la “palabra revelada”. 

2) El sol y la luna evita estéticamente “el horror vacui” y la dualidad: la luz la oscuridad, el momento en el que se oscureció el mundo tras la muerte y la luz de la salvación. Alegóricamente el rojo representa al sol y el azul a la luna. El sol es la verdad y la Luna la oscuridad, la ignorancia.  

    

Había gran devoción a San Antonio de Padua. Aquí el cuaderno de cánticos de Juan Martín Ballano (1874 – 1956) y libro del novenario. En 1915 el cura por la novena cobraba cinco pesetas al concejo, como también lo hacia por la misa de la fiesta del dos de mayo y la fiesta de septiembre. Dinero que anteriormente no se cobraba  porque el cura se libraba de algunos tributos del ayuntamiento. El cura era Pedro Arnaiz Arranz.


Libro exento, posiblemente de la mano de Santo Domingo

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Pinto a 10 de abril de 2026                                  

Serafín Pérez García

             Serafin.perez.2014@gmail.com   


   









               

 

                            

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                San Francisco                                                                 San Bartolomé

 

 

           

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

San Antonio de Padua (Arriba) (3)

San Blas Abad (izquierda)

 

Obras posteriores al acabado del retablo mayor.

El siglo XVII y XVIII fueron los dos siglos de mayor número de actuaciones. En la capilla mayor se gastaron 366 reales para la compra de baldosas para enladrillar la iglesia y maderas para la decoración de las sepulturas.  Se embaldosó el pórtico y se compuso el granero en 1695.

Acabado el retablo mayor y dorado y estofado se amplía la ventana de la capilla con el fin de contemplarlo en (su) todo su esplendor. Ventana que por cierto debilitó el muro y más tarde colapsó, como puede apreciarse actualmente por el mal arreglo realizado.

En 1749 se realizan unas peanas de piedra de sillería rematadas a los lados del altar y las gradas de las sepulturas de los curas, y la primera en la entrada a la capilla mayor.

En 1771 se contrata a Vicente Constino Manzano  para revocar y encarnar las imágenes de san Pablo y san Pedro, la imagen de Nª Sª y San Juan, pintar el pabellón y los cortinajes del retablo mayor y los tronos de otras imágenes, ocho frontales para el altar mayor y los colaterales.  El encarnado de cinco cabezas de serafines y sepulcro de dicho altar del sepulcro por 1686 reales.  Debemos suponer que donde estaba la dolorosa era el altar del sepulcro. En este año también se compran unas llaves postizas para San Pedro. En 1788 se adquieren tres mesas para el altar mayor y los dos colaterales por 900 reales. Hubo que esperar doce años para dorarlos por 750 reales, pero 15 años después se sustituyen las mesas de los colaterales y el de la Virgen del Rosario. La mesa del altar mayor se dora a principios del siglo XIX.

Otras obras de la iglesia

Teniendo tantos gastos como se tuvo con el retablo mayor, no entendemos como trece años más tarde, en 1677, el visitador Nicolás de Torres manda que se haga un soportal para la iglesia que se realizó al año siguiente y costó 5.534 reales. Para poder pagar fundaron cuatro censos. Y un año más tarde se compró un púlpito que costo 60 ducados (936 reales)

En 1684 Francisco de Tordesillas, maestro cantero, carpintero y albañil, por la obra del granero cobró 800 reales (2.626 maravedíes) y 81 reales por 50 fanegas de cal, 154 reales por piedra y cabios; y dos cántaras y media de vino que pagó el concejo. Tres años más tarde, en 1687 se gastan 12 fanegas de cal para el granero que costaron 115 reales.

 En 1747 se realizó la capilla de San Acacio, sobre el cementerio de la sacristía. Costó 2.147 reales, pagados dos años más tarde. Del contrato de esta obra no tenemos documentación, pero si los gastos de las diferentes obras que se hicieron como fue hacer la ventana grande en la sacristía. El altar que la preside es posiblemente el más antiguo de la iglesia, de estilo del segundo romanismo-marianismo, de finales del siglo XVI, y que quizás fuese el altar mayor, sin saber (que) a qué santo o Virgen le correspondía.  Ocho años después se compra la mampara que costó 26 reales. En 1818 sabemos que la entrada de la iglesia tenía esta mampara, con un postigo (puerta pequeña) para cortar los aires, desconociendo en que año se quitó.

NOTAS COMPLEMENTARIAS

1)    La yuxtaposición de las figuras de San Pedro y San Pablo fue una costumbre del manierismo. Por otra parte, dentro de la jerarquía de los santos, San Pedro es la cabeza de la Iglesia y por eso se coloca a la parte del evangelio. Los evangelistas se colocan como testigos de la “palabra revelada”. 

2)     El sol y la luna evita estéticamente “el horror vacui” y la dualidad: la luz la oscuridad, el momento en el que se oscureció el mundo tras la muerte y la luz de la salvación. Alegóricamente el rojo representa al sol y el azul a la luna. El sol es la verdad y la Luna la oscuridad, la ignorancia. 

       

Había gran devoción a San Antonio de Padua. Aquí el cuaderno de cánticos de Juan Martín Ballano (1874 – 1956) y libro del novenario. En 1915 el cura por la novena cobraba cinco pesetas al concejo, como también lo hacia por la misa de la fiesta del dos de mayo y la fiesta de septiembre. Dinero que anteriormente no se cobraba (a) porque el cura se libraba de algunos tributos del ayuntamiento. El cura era Pedro Arnaiz Arranz

Libro exento, posiblemente de la mano de Santo Domingo

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Pinto a 10 de abril de 2026                                  

Serafín Pérez García

Seraafin.perez.2014@gmail.com