POR SAL AL ALFOLÍ





 

 

 

Apunte nº 73


POR SAL AL ALFOLÍ

En nuestro pueblo, como en todos, necesitaban la sal para diferentes usos de las personas y de los animales. Si en la tienda o abacerías de los pueblos no la había, tenían que ir a otras a adquirirla.

El uso de la sal para las personas

El empleo más importante de la sal era para la conservación de los alimentos: era preciso que la matanza del cerdo como de otras carnes y pescados se conservaran sin estropearse durante largos periodos. No bastaba con el ahumado abundante que se producía en las chimeneas cónicas típicas de las casas, era necesaria la sal.

La sal gruesa con el agua producía la salmuera, donde se introducían las carnes por un determinado número de días, según el tamaño y peso de la pieza. Asimismo, la sal se utilizaba para salar los quesos que se hacían con la leche excedente del ganado.

La elaboración diaria de alimentos también necesitaba de la sal para potenciar el sabor. Aquí se podía utilizar tanto la sal gruesa como la molida según el tipo de guiso que se hiciera.

Se empleó la sal para ritos religiosos y supersticiosos. Antiguamente se echaba sal simbólicamente en la consagración de templos, como símbolo de pureza, también se mezclaba con el agua bendita para que esta no se corrompiera, en el rito del bautismo, como símbolo iniciático y de protección, se decía “recibe la sal de la sabiduría, …”.

 Por superstición se empleó en ritos mortuorios, para los exorcismos, se colocaban montoncitos en las puertas y ventanas para evitar que entrasen espíritus malignos (creían que por las ventanas pequeñas, cerradas entraban menos), para espantar las tormentas, etc. Prácticas que la iglesia en las sinodales de los obispos las prohibía, aunque la gente las seguía haciendo. He visto desde echar sal a las hormigas para extinguirlas o cortarles el paso, hasta para salar la tierra para que no crecieran hierbas indeseables.

La sal se empleó en remedios caseros para curar inflamaciones, heridas, la sarna, infecciones, para aliviar dolores de garganta mediante gárgaras, para limpiar las vías respiratorias con soluciones salinas (lavados nasales), fortalecer las encías, para la cura del herpes, etc.

También se utilizaba para curtir pieles, lavar las tripas, o conservarlas, o como abrasivo para la limpieza de maderas de la casa y de artesas, etc. 

El uso de la sal para los animales

Algunos hemos conocido como los ganaderos ponían la sal sobre un grupo de piedras grandes y planas llamadas “saleros”, separadas unas de otras, y colocadas en círculo, para que no se apelotonaran las reses. A estos lugares se les llamaban los “salegales”. En Blacos había uno en La Peallano y otro en Los Linares, pero ha habido muchos otros, todos ya desaparecidos.  A las ovejas se les solía dar dos veces al mes. Al ganado estabulado, bueyes, mulas, pollinos, se les ponía una roca de sal y lo lamían cuando lo creían conveniente. 

Cómo se conseguía la sal

Hemos visto como nuestros padres compraban la sal en los almacenes, abacerías (tiendas), tanto la sal fina, para el consumo doméstico, como la gorda en forma de bolas de sal gema (mineral) para los ganados de establo.  Este comercio libre fue a partir del año 1869, pues antes fue un producto estanco, que solo se podía comprar en determinados lugares controlados por la Hacienda Real de la Corona (1). Blacos dependía de la Administración del Burgo, donde tenía un almacén llamado alfolí, que se aprovisionaba de las salinas de Atienza (2). Ocurrió que, con la mejora de los trasportes por los ferrocarriles y carreteras, estas salinas tuvieron gran competencia con las salinas de la costa, la sal marina, y la sal de mina.

Salinas de Imon. Población de la Olmeda (Guadalajara). Pertenecían al Partido de Atienza. Foto propia de 2014. Muy recomendable la vista, así como su comarca. Cercana a la provincia de Soria.

Nadie podía comprar la sal en otro alfolí, aunque fuera de la misma Administración, o fuere más barato, ni revender el producto.  Se compraba por fanegas o por otras medidas menores, como eran la media, los celemines o cuartillos. El precio era fijo, compraras mucha o poca, y varió con los años y las épocas, elevando el precio para recaudar impuestos por necesidad de la corona. Los precios variaron entre los 20 reales la fanega y los 50 reales. El precio en las salinas era de unos 5 reales la fanega, pero el transporte, las cargas fiscales, y los salarios de los empleados del alfolí se elevabalos precios indicados. (3) Administrador del alfolí fue Roque de Cogollos, conocido por su mayorazgo en Blacos. (4)

Había dos modos de conseguir la sal del alfolí: una era voluntaria, según la cual  los compradores adquirían la sal para ellos y para otros. Si no se podía comprar al contado, se acudía al escribano de número del Ayuntamiento del Burgo y se hacía un documento llamado “carta de obligación”, en la que  e indicaba el nombre de los compradores y el lugar donde vivían.  Se decía en el documento “dado, vendido, fiado” por el administrador por una cantidad de reales, indicando el número de fanegas y su precio. Se solía obligar a pagar al año siguiente de la firma, por San Miguel de Septiembre. Se firmaba el documento si se sabía. Muchas obligaciones tienen una pequeña cruz que indica que se hizo juramento haciendo la señal de la cruz y poniendo la mano sobre ella.

Foto documento de la izquierda:

 El 19 de septiembre de 1644, Juan de Martín hace una escritura de obligación ante el escribano de número del ayuntamiento del Burgo, Lázaro de Torres. Dice que pagará al administrador de las salinas de Atienza, Antonio de Cárdenas, 100 reales por cuatro fanegas de sal que ha recibido para San Miguel de septiembre del siguiente año de 1645. Arriba la cruz del juramento. (AHPSO, P.N. del Burgo de Osma, Caja 2.957: f 645r) 

 

La otra forma de conseguir la sal era la llamada “involuntaria” (obligatoria) por la cual los concejos eran obligados a hacer acopio para las necesidades de sus vecinos. Si el concejo tenía caudales lo pagaban al contado. Si no había que hacer una carta obligación ante el escribano o fiel de hechos del concejo. El concejo daba poder a los jurados y algún otro vecino para firmar el documento que solía hacerse para seis o diez años, en la época borbónica. La primera obligación que tenemos de este tipo es de 1727, siendo jurados Juan Gañán y Francisco Nafría, poniendo de garantía los propios y las rentas del concejo y las de los vecinos particulares, con sus personas y bienes muebles y raíces, habidos y por haber. Se obligaban “hasta cumplir los diez años si otra cosa no se ordenase por S Mg. Dios Gde “. Se firmó el 4 de agosto, en el Burgo, fecha no muy adecuada por la cantidad de faena que había en la siega y la trilla. Suponemos que la sal se guardaría en el almacén del pósito municipal.

 



 

Foto documento de la derecha:

 Reunido el concejo el 7 de julio de 1728 al que acuden muy pocos, catorce vecinos de cuarenta, pues nos era asunto muy importante, se da poder a los jurados (alcaldes) Juan Gañán y Francisco García, para que hagan el acopio de sal obligatorio. El fiel de hechos, era Agustín de Boos, que también era sacristán 

 


 


 

Escritura de obligación contra el concejo y vecinos de Blacos, realizada el 4 de agosto de 1728 ante el escribano Josep Casajús Azpilcueta para diez años, acabando el plazo en 1737, por nueve fanegas de sal cada ño a 20 reales 20 maravedíes, sacada y pagada en dos plazos. (AHPSO, caja 3128: f 380rv)

En 1746 Francisco Nafría y Juan de Valverde vuelven a hacer otra carta obligación como apoderados del concejo, de 12 fanegas para cada un año de la obligación de acopio de sal. Se hace por seis años, siendo el último acopio en 1752. Las sacas serían en dos plazos anuales, una el primero de junio y otra el día primero de enero, y asimismo se pagarían en dos plazos, el primero, a final de diciembre y el segundo a final del mes de junio. Esta obligación se firmó 17 de diciembre de 1746. 

A veces se hacía la obligación a título personal, otras veces se juntaban varios vecinos para hacer la obligación, podían ser todos del pueblo, y a veces se juntaban de varios pueblos y varios vecinos. (5) Todos se obligaban a pagar al administrador del alfolí para San Miguel de Septiembre del año siguiente, o del mismo año si la obligación de hacía a principios de año. 

Es preciso recordar que el acopio era obligatorio para el concejo y para los vecinos en particular. El concejo para asegurar que todos los vecinos tuvieran sal y para aumentar la venta en el alfolí y por consiguiente pagar más impuestos. Los particulares también estaban obligados a comprar sal. La única limitación es que no tuviera posibilidades.

La compraba cada pueblo y, dependía del vecindario y del ganado que tuvieran. Del censo de la Sal del año 1631 tenemos dos ejemplos cercanos: Boos y Torralba. El primero con 18 vecinos y 385 reses gastaban 22 fanegas. El segundo con los mismos vecinos y tres veces más reses, gastaban 46 fanegas. De Blacos desconocemos el gasto pues solo contaba con los que se retiraba de fiado, que fueron 38 fanegas. Suponiendo una fanega por vecino (51 kg) (6) y lo restante para el ganado. Por las obligaciones podemos saber si tenía bastante ganado y si en ese momento tenía liquidez. Así lo suponemos con Domingo Gonzalo y María Sanz (su mujer) que se les fio por 246 reales 11 fanegas en el año de 1635.

El año de 1692 acudieron unos 20 vecinos, la mayor parte de los vecinos, a realizar una obligación para el fiado de la sal. Acudieron en el mes de enero, haciendo escritura en grupos, llegando a juntarse hasta cinco vecinos “in solidum” llevándose 10 fanegas a 22 r. 20 mv. Posiblemente fueran años de crisis de subsistencia por motivos que desconocemos.

Conocemos las compras que se hicieron con obligaciones los convecinos desde el año de 1633 al año 1743. Obligaciones que aportan muchos datos.

De 1634 tenemos datos de todos los vecinos que tenían obligaciones, ya que, con fines censales, en agosto, acudió al alfolí del Burgo el escribano de Madrid, Miguel Álvarez, como delegado y juez en comisión, envidado por D. Pedro Valle de la Cerda (1552-1647), que era miembro del Real Concejo y Junta de la Sal. Entre ellos estaban Domingo Gonzalo y Francisco Valverde (144 r), Juan de Martín (144 r), Juan de Nafría y Francisco Nafría (144 r), Pedro Domingo y Pedro Gonzalo (96 r), Domingo Gañán y Juan de Tapia (168 r), Pedro Gañán y Juan de martín (60 r), Pedro Velázquez y Andrés Sanz (48 r).  La fanega valía 24 reales. Se pedía al administrador Esteban Miguel que apremiara a los deudores.

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NOTAS ACLARATORIAS

(1)   Esto ocurrió desde la época de Felipe II, antes las salinas eran privadas. El rey lo consideraba que la sal era una “regalía de la corona”, que solo él podía explotarla o autorizar su explotación. Lo hizo para que la Real Hacienda dispusiese de fondos para financiar las guerras.

(2)   Por las obligaciones para el fiado de la administración del alfolí se decía de las salinas de Su Majestad de Atienza, La Olmeda, Armallá y en algunas obligaciones se les llamaba de Molina, y hasta de Cuenca. Las Salinas de Imon, con otras cercanas, hacia 1779 podía producir unas 120.000 fanegas. En 1814 se cogieron 85.406 fanegas, con un coste de producción de 6 reales 9 maravedíes (Canga y Arguelles 1834:548), entre 80 y 100. 000 fanegas (Madoz 1845-1850). La sal se extraía de pozos al comienzo del verano. Los Alfolíes del partido salinero estaban en el Burgo, Soria, Almazán, Gómara, y por otras muchas ciudades de Castilla (Tesis doctoral de Jonatan Terán Manrique “la explotación de la sal en el sistema Ibérico Central …)

(3)   Estas salinas se arrendaban a los llamados absentistas, que pagaban al rey una cantidad determinada y luego la producían y la vendían para sacar beneficio. La corona tenía en cada partido un administrador y un fiel de alfolí, persona que pesaba la sal y la vendía al público.

(4)   Roque de Cogollos, tenía un juro de privilegio del rey sobre la sal de las salinas reales de la villa de Molina y su partido, y las de Atienza por 14.000 ducados. También tenía a censo la sal del Burgo. Juro de privilegio real de 1000 r de renta sobre las salinas de Atienza que el rey don Felipe le vendió a razón de 14000 al millar, que lo hizo en Valladolid el 19 de diciembre de 1601, hecho con sello de plomo de Su Majestad.

(5)   Así en 1698, dos vecinos de Blacos, Andrés García y Juan Gonzalo el Mozo, hacen obligación con otro vecino de Abioncillo, por 19 medias de sal. En 1693 Isidro Martínez, de Abioncillo, con Simón Moreno de Blacos. O en 1697 Juan de Soria Mayor y Pedro Soria, vecinos de Blacos, con Francisco García, de Torreblacos, y Santiago Martín de Abiocillo por 15 medias a 26 r 20 mav la fanega.   

(6)   El peso de la fanega de sal dependía de su humedad. Solían ser unos 51 kg.  La fanega tenía 4 ½ arrobas. La arroba eran 25 libras (11,5 kg).

 

Precios orientativos de mitad siglo XVIII, en reales: oveja 20-25, cordero 13-20, fanega de trigo 15- 30, mula 350 a 1200, vaca 130, buey 200-450, pollino 70 – 300, yegua 300-750reales. Según el Catastro de la Ensenada, el precio aproximado del trigo era de 13 reales la fanega, 11 reales un cordero, 1 real el pollo, un labrador ganaba al día 2 ½ reales, albañil 4 reales.

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Pinto 13 de junio de 2026
Serafín Pérez García 
serafin.perez.2014@gmail.com


                                                                         

OBISPO MANUEL ANSELMO NAFRIA SANZ

 







Apunte n.º 72

OBISPO MANUEL ANSELMO FRÍAS SANZ Y SUS FAMILIARES EN BLACOS Y CALATAÑAZOR

Manuel Anselmo Frías Sanz nació en Torreblacos y murió en Coria (Cáceres) el 28 de junio de 1851.  El cura D. Alfonso García (natural de Blacos, escribió en el libro de bautizados:

“bauticé y puse los Santos Oleos y el Chrisma” a un niño nacido el día 21 de abril de 1784 entre las siete y las ocho de la noche”

Tuvo de padrino de bautismo el sacerdote Juan de Rioseco, natural de Torreblacos, que entonces era capellán de número de la catedral de Osma. 

Manuel Anselmo era hijo de Tomas de Nafría (de Blacos), y de Ángela Sanz, (de Torreblacos). Ambos se casaron en 1774 en Torreblacos y allí vivirían.

Los abuelos paternos de D. Manuel Anselmo eran de Blacos: se llamaban Manuel y Bernarda García. con ellos tuvo mucha relación. 

Los abuelos maternos eran Manuel Sanz (de Rioseco) y María del Burgo (de Torreblacos). No los conoció, de hecho, en la boda de sus padres ya habían fallecido.

Tuvo cinco hermanas: Manuela Cruz, Micaela, Baltasara, Rufina y Gerónima Manuela. Él era el cuarto hermano.

Estas familias eran muy pobres: por dar algún detalle, a la abuela materna se le asignó una dote en 1724 de 260 reales para casarse, procedente de una “memoria para casar doncellas huérfanas y pobres de D. Pedro Blanco y García, maestreescuela de la Catedral y natural de Blacos. Según el Catastro de 1751, Manuel Nafría tenía casa en el medio del pueblo de Blacos y se dedicaba a comprar, vender y transportar a la sierra. Poseía tres reses vacunas, dos pollinos, seis cerdos y ocho lechales Tenía de utilidad (lo que ganaba al año) de 174 reales, la mitad de la media de los vecinos del pueblo.

D. Evaristo González Soria, cura de Blacos y Torreblacos (1952-1958) en la visita pastoral que realizó el Obispo Saturnino Rubio Montiel sacó recitó este poema:
Aunque pobres
Nos gloriamos
De un pastor haber dado
Que nació en Torreblacos
Y en Coria
Guardó el rebaño
El muchacho tuvo que ser despierto de pequeño y la familia fue orientada para darle estudios. Tenía de parientes de Blacos y Torreblacos, casi todos curas, que animarían a los padres a llevarlo al Seminario.

Para cursar estudios era preciso contar con dineros que la familia no tenía. Pudo acceder a los recursos de sus parientes curas, pero sobre todo sabemos que se dotó de la “memoria para estudiantes” que fundó Don Pedro Blanco García (natural de Blacos) a finales del siglo XVII, maestrescuela que fue de la Catedral de Osma. (1).  

El último estudiante dotado de esta memoria fue en 1825 José Pérez (de Blacos), hijo de Gerónimo Pérez. Y en el libro de fábrica de esta obra pía, dice que el anterior estudiante dotado fue Alejo Sanz (de Torreblacos). Sorprendentemente en el asiento contable de éste, se dice que el anterior beneficiado fue “Manuel Nafría”, es decir, Manuel Anselmo Nafría y Sanz.

Económicamente tuvo que recibir ayuda para sus estudios universitario. Estas pudieron bien provenir de D. Alfonso García (+1795), su tío, cura de Calatañazor, nacido en Blacos; y de otros familiares de Rioseco, como fue Melchor Sanz (1757), secretario de Calatañazor; y de su pariente el sacerdote Juan de Rioseco (Torreblacos - +1794, en Osma) que era presbítero de Osma. Sin descartar de los curas coetáneos Manuel y Ramón Nafría (los dos de Blacos) (2)

 

Protocolo notarial realizado el 25 de febrero de 1806 donde el padre de Manuel Anselmo, Tomás, se obliga a pagar al depositario de anualidades del Seminario, Ángel Itero, 450 reales en el mes de mayo, con la dote de la memoria que dice de Francisco de las Cuevas (1624-1689), cura que fue de Blacos y Torreblacos y de Matías Nieto, memoria hecha en Torreblacos. 350 reales por la muerte del estudiante Juan Sanz y los otros 100 de la renuncia del racionero de la Santa Iglesia de Osma (catedral) Ramón Nafría. (AHPSO, PN del año de 1806, f. 69 rv. del escribano Manuel Ximénez. Caja 3205)  

A los 15 años ingresó en el seminario de Santo Domingo de Guzmán, y a los 22 era diácono. Con 24 años fue presbítero (sacerdote).

Para entrar en el seminario se debía hacer “la prueba de sangre”, para concluir que procedía de cristianos viejos, es decir que sus familias eran buenos cristianos. El dictamen se dio el 9 de septiembre de 1799

En el colegio Universidad de Santa Catalina fue Bachiller en Artes (parte de Filosofía, Retórica y Dialéctica) (31-5-1799), Bachiller en Teología (11-5/- 804) y Licenciado y Doctor en 1806.

Fue profesor del Seminario y de el de Tarazona. Posteriormente fue canónigo magistral en la Colegiata de Logroño y lectoral en la de Calahorra en 1816, donde entre otros cargos fue el de visitador de la diócesis (personas con formación en cánones y teología, que controlaba las parroquias y sus libros de fábrica, sacramentales, y las actuaciones de los párrocos en todos los aspectos, y les orientaba). En 1848 fue obispo de Coria (Cáceres), tras ser consagrado en la colegiata San Isidro el Real de Madrid.

 Desconocemos que labor realizó en los años en los que fue clausurado el Seminario, durante la contienda de la guerra contra Napoleón. Algunos apuntan que se mudó a Tarazona.

La lámina es un recuerdo de su consagración como obispo para sus familiares. Procede de la familia de D. Hilario Sanz Ropero (Blacos), posiblemente de su abuelo Mariano Sanz López, de Torreblacos

Nueva y extensa familia en Calatañazor

La familia del obispo estaba muy relacionada con Calatañazor. Su hermana Rufina se casó con Manuel Herrero Hernando y Marquina, residiendo en Calatañazor. De este matrimonio tuvieron a Manuela Nicanora Herrero y Nafría que se casó con Joaquín Ondategui, administrador del Duque de Medinaceli en el señorío de Calatañazor (3).

Este matrimonio se formalizó en 1789 y les caso su tío D. Manuel Anselmo Nafría y Sanz, que ya era por entonces canónigo doctoral de la Santa Iglesia Colegial de Calahorra y capellán en la Villa de una capellanía que fundó María Sánchez Serrano.  Esta fue una boda muy sonada, a la que asistieron el cura de Olmillos, el de Boos, el de Carbonera, y el de la Villa, que era entonces Valentín Ochoa Mareta. Tuvo que ser una boda de las buenas. Imaginemos la iglesia a reventar con todos los invitados de Blacos, Torreblacos y Calatañazor.


                         LA FAMILIA DEL OBISPO

También casó a su sobrina María de las Candelas Herrero Nafría y Marquina, soltera, el cinco de julio de 1814, con el soltero Don Felipe María Ortiz y Ortiz, natural de Salas de los Infantes. Los padres de ella en esta fecha ya habían fallecido. (5)

 “Les casa D. Manuel Nafría, presbítero Capellán de la Torre de Blacos y catedrático en el colegio seminario de Osma, estando presente el Licenciado José Martínez (cura de la Villa” “casó y veló” “in facie eclessie”. (Libro de casados de la parroquia de Calatañazor)

Fue querido y muy recordado. Fue padrino de bautismo de muchos de sus sobrinos y resobrinos, como fue el de Encarnación Ondategui y Herrero. Todos sus sobrinos le recuerdan en sus mandas testamentarias y dan limosnas para hacer misas por su alma. Cuando muere Rufina, en su testamento que está en Almazán, también manda por su tío Ramón de Nafría.

Don Manuel Anselmo también poseía una capellanía en Torreblacos y en Valdelinares, que fundó Martín Nieto, capellanía que fue desvinculada en 1869 y que poseían los herederos del obispo. En este mismo año se redime la capellanía de los Marquina de Calatañazor que poseían Manuela Herrero y herederos, parientes de D. Manuel Anselmo.

Al año siguiente de fallecer el obispo, en 1852, se venden sus heredades conjuntamente con las de Hilario Sanz.

Este obispo es conocido por ser antiliberal. No nos ha sido posible acudir al Archivo Capitular de la catedral de Coria (Cáceres), donde creemos que hay documentación que nos puede ayudar para completar estos apuntes. Asimismo, tampoco sabemos si realizó testamento ante el escribano de la ciudad, donde era costumbre citar a sus familiares.

El escudo de Don Manuel Anselmo está partido en dos. A la izquierda hay un candelabro que simboliza la fe y la verdad. A la derecha una espada clavada, con alusión al martirio de San Pablo, que era el patrón de su pueblo natal, y a la doctrina.

También dos ruedas en alusión al Colegio Universidad Santa Catalina, que fundó el obispo Acosta, y al Seminario del Burgo. En el centro, en una almendra, hay un castillo cómo símbolo de fortaleza del alma que es orientada por una estrella. Sobre el escudo la mitra y el báculo, símbolos de los obispos.                --------------------------------          

NOTAS ACLARATORIAS 

1)  Pedro Blanco García (1601- 1664), fundó una memoria para ayudar a estudiantes y doncellas pobres, que se aplicó entre los años de 1669 y 1815.Fue dignidad de maestrescuela y coadjutor de la iglesia de Osma (la catedral). Los estudiantes lo disfrutaban durante 10 años siempre que continuaran sus estudios y acreditasen su aprovechamiento.

2) A Idelfonso García, se le dio 2250 reales por 8 años, a 280 reales por año. En 1756 a Ramón de Nafría, de Blacos, a razón de 680 reales por 4 años.

Algunos de los agraciados desconocemos si acabaron sus estudios. Algunos no, y fueron después sacristanes y maestros. El seminario estuvo suprimido durante la invasión francesa desde el 18 de octubre de 1808 a enero de 1813. Por lo que probablemente no se diera ayuda a ningún estudiante. Del siglo anterior no hay anotaciones de dotación ni de contabilidad, habiendo desaparecido los folios.

3) Joaquín de Ondategui (+1862), era natural de Gumiel del Mercado, hijo de Domingo Ondategui (de la Horra) y de Manuela Abades (de Cadencia-Madrid).

Domingo participó en la construcción de la torre campanario de la catedral del Burgo y de las arcadas superiores del palacio de los Condes de Gómara, la iglesia de Tajueco, en entre otras obras.

De Joaquín, ya hablamos cuando denunció a varios curas del señorío por hacer el reparto de diezmos perjudicando a los intereses del duque de Medinaceli. Joaquín, una vez suprimidos los señoríos, se fue a prestar servicio al duque a Las Navas del Marqués (Avila). Volvió a Calatañazor, donde murió. Su cuñada, María de las Candelas Herrero Nafría y Marquina, dispuso a su muerte “por su indigencia, varios oficios y novenas”.

4) En 1772 Manuel Herrero era menor y tenia de tutor a Antonio Herrero, vecino del Burgo y ostentaba el mayorazgo de Marquina.

Los Marquina, eran los poseedores de un mayorazgo que fundó en Calatañazor a finales el siglo XVI el alcalde mayor Alonso de Marquina, natural de Torreblacos, hidalgo probado en 1559.

Los Marquina poseían terrenos en varios pueblos de la zona.

El poseedor del mayorazgo tenía la obligación de utilizar el sobrenombre de Marquina.  También tenía una capellanía en la iglesia de San Esteban en Soria, que por esta época la iglesia estaba ya derruida y la patrona de sangre era María de las Candelas Herrero Nafría y Marquina (+1864).

 En 1850 se le adjudicó la capellanía a su sobrino Ignacio Ondategui (1834 -1899), cura de La Aldehuela. En Blacos siempre se ha hablado del colmenar de esta señora, cerca de la fuente Malcristiano que, por su singularidad, debería haber sido catalogado BIC por patrimonio. Este colmenar tiene varias historias que se contarán en otros apuntes. La capellanía tenía rentas de varias heredades en Rioseco, arrendadas por nueve años, y dos casas en Calatañazor y un palomar que estaba al ábrego de una de las casas y que pagaba de renta diez medias de palomino y seis pares de pichones. Que el palomar perteneció a Manuela Nafría lo sabemos por la venta de una casa en 1845, donde se dan los linderos.

Bernardo Herrero, vecino de Rioseco, en 1747 mandó se reconociese ante   el tenente alcalde mayor las tierras que eran de su mujer Ana María Castany y Marquina.

Decían que Alonso de Marquina, que era de Soria fundó en la jurisdicción un mayorazgo, que era poseedor Fray Blas Gastany y Marquina, religioso de la Real Militar Orden de Nuestra Señora de la Merced, hermano de su mujer, y que a título de su profesión hizo renuncia a su favor, por la sucesión de dicho mayorazgo con ciertas condiciones (las desconocemos).

5) En la boda “en su lectura intentó poner impedimento D. Venancio Sanz, medico Titular de esta villa y su partido a representación de su hijo Antonio Sanz, ocurriendo para ello al Tral Ecc. De este obispado y no por su decreto del cuatro de este mes tuvo a bien de declarar no ser impedimento que puede estorbar la celebración de dicho matrimonio dando las facultades al cura párroco de esta villa a su tenente, para que les casase, desponse y velase en tiempo y forma no resultando otro algún impedimento”--------------------------------------------

 

 

Blacos, a 24 de mayo de 2026

Serafín Pérez García

Serafin.perez.2014@gmail.com