LA CAPILLA MAYOR DE LA IGLESIA PARROQUIAL DE BLACOS (3)

 






Apunte nº 71

LA CAPILLA MAYOR DE LA IGLESIA PARROQUIAL DE BLACOS.

(PARTE 3)

Estilística del retablo mayor

La traza del retablo es clasicista, de la llamada tercera etapa del romanismo oxomense, estilo que se realizaba por esta época en los talleres de la diócesis y que mostraba algunos rasgos del incipiente barroco.

El retablo apoyado sobre una bancada, se compone de una predela (pintada) y es de un solo piso, con tres calles, y un ático. El piso tiene dos cajones laterales, con sus molduras y un hueco central donde está el tabernáculo compuesto por un sagrario y un expositor de custodia. La hornacina de la virgen se sitúa en  el centro del retablo.

Tiene dos columnas adelantadas, que se sustentan sobre dos ménsulas de hojas carnosas, y dos atrasadas, en los extremos, que sustentan su basa sobre la predela. Las columnas son jónicas y acanaladas y limitan los cajones.

El entablamiento está cortado en la calle central que ha sido sustituida por una tarja con roleos carnosos. El friso también está adornado con estos roleos y de la cornisa penden dentellones.

Sobre el piso se ubica el ático, que cobija un calvario. Éste lo conforman dos machones soportados por sus netos, cajoneados y con festones.  El ático está rematado por un frontón en arco (sobreático), y en su tímpano hay roleos abultados. 

La unión del ático con el entablamiento se realiza mediante un frontispicio a modo de arbotante o alatón, decorado con un botón o florón.

En el centro del retablo, sobre el tabernáculo se encuentra la hornacina de la Virgen, compuesta de un arco de medio punto, con su chambrana, su imposta, y las jambas cajoneadas y con guirnaldas verticales.  Los enjutos del cajón están sin decorar.

La imaginería de bulto se compone de la Virgen, que creemos que es de vestir, en el centro, y en los cajones laterales San Pedro, al lado del evangelio, y San Pablo, al lado de la epístola. Ambos santos miran centrados a la mesa de consagración. Ambos vestidos con túnicas romanas. San Pedro, porta unas llaves (postizas del año 1686) y el libro fundacional de la Iglesia, y San Pedro porta sobre la mano izquierda un libro que infunde sabiduría espiritual a los fieles y faltándole la espada de su decapitación, símbolo de la palabra, el verbo, de la misión de predicar. Ambas estatuas son manieristas posclásicas con atisbos al barroco. (1)

Faltan los cuatro evangelistas que debían ir en las peanas, en la línea de las columnas. Actualmente hay dos franciscanos que desconocemos su procedencia y están recolocados.

El ático cobija un calvario encuadrado en un marco de ovas, símbolo sublime de la redención, con el crucificado y las imágenes de la Madre y de San Juan Evangelista, “el hijo amado”. La cara del cristo tiene expresión de relajación tras la muerte y las otras dos son indefinidas.  La cruz está cortada en la parte superior para encajarla en el cajón. Este detalle nos da a entender que el calvario procede de otro altar. Las figuras son romanistas manieristas tardías. El fondo está pintado con el sol y la luna sobre la ciudad de Jerusalem. (2)

En conclusión, el retablo es clasicista, romanista y con motivos que apuntan al barroco, como pueden ser las tarjas con roleos carnosos, que de forma rítmica se coloca sobre los apóstoles, en el centro del friso y en el tímpano del sobreático 

                 

Pinturas de la predela: Visitación, Natividad de la Virgen (patrona del pueblo) y la Adoración de los Reyes Magos

Los altares colaterales:

Los altares colaterales acompañan al altar mayor. El de la parte del evangelio, con una Dolorosa, con manto negro, rigurosa y el de la epístola está dedicado a San Antonio de Padua. Se completan ambos retablos con otros santos a los que identificamos por sus atributos y por las referencias de las mandas de misas funerarias.

La Virgen de la Soledad es del año 1858, muy posterior a los altares que son del siglo XVIII, y de los que no tenemos escrituras de los contratos de los escribanos del Burgo, por no haberse hecho en este municipio. Tenemos algunos datos que proceden de la Carta Cuenta de la parroquia. Por el estilo están realizados en el mismo taller y por las mismas fechas. En el ático está Santa Bárbara, santa invocada por el temor a las tormentas, pedriscos, incendios, etc. Acompañan a la Virgen Santo, Domingo de Guzmán, patrón de la diócesis, y otro dominico que bien pudiera ser Santo Tomás de Aquino.

El altar del lado de la epístola es de advocación a San Antonio de Padua.  Data su compra del año de 1753. Costó hacerlo con los cuatro santos que le “adornaban” 1.700 reales que pagó el mayordomo al que hubo que sumar otros reales que 300 que pusieron los devotos.

Tres años más tarde se doró gastándose tanto como costó el mueble, 2.049 reales. El santo de la izquierda es San Bartolo, (en su honor celebraba junta y merienda la cofradía de San Miguel) y el de la derecha San Blas (protector de los problemas de garganta) En el ático está San Antonio Abad (San Antón), protector de los ganados y de todos los animales domésticos.

Altar de la Dolorosa y altar de San Antonio                                                                 

En el año1815 se rehicieron las mesas de ambos altares. Costaron 791 reales. Podemos afirmar que estos altares eran de santos a los que hacían peticiones, daban protección y por ello a sus costados se colocaban exvotos, con evocación al favor solicitado.    


 

San   Antón (Antonio Abad)   y     Santa Bárbara     

 

                                                                                 San Francisco                                                                 San Bartolomé

  

                                                                                                       San Blas Abad                                San Antonio de Padua  (3)

Obras posteriores al acabado del retablo mayor.

El siglo XVII y XVIII fueron los dos siglos de mayor número de actuaciones. En la capilla mayor se gastaron 366 reales para la compra de baldosas para enladrillar la iglesia y maderas para la decoración de las sepulturas.  Se embaldosó el pórtico y se compuso el granero en 1695.

Acabado el retablo mayor y dorado y estofado se amplía la ventana de la capilla con el fin de contemplarlo en (su) todo su esplendor. Ventana que por cierto debilitó el muro y más tarde colapsó, como puede apreciarse actualmente por el mal arreglo realizado.

En 1749 se realizan unas peanas de piedra de sillería rematadas a los lados del altar y las gradas de las sepulturas de los curas, y la primera en la entrada a la capilla mayor.

En 1771 se contrata a Vicente Constino Manzano  para revocar y encarnar las imágenes de san Pablo y san Pedro, la imagen de Nª Sª y San Juan, pintar el pabellón y los cortinajes del retablo mayor y los tronos de otras imágenes, ocho frontales para el altar mayor y los colaterales.  El encarnado de cinco cabezas de serafines y sepulcro de dicho altar del sepulcro por 1686 reales.  Debemos suponer que donde estaba la dolorosa era el altar del sepulcro. En este año también se compran unas llaves postizas para San Pedro. En 1788 se adquieren tres mesas para el altar mayor y los dos colaterales por 900 reales. Hubo que esperar doce años para dorarlos por 750 reales, pero 15 años después se sustituyen las mesas de los colaterales y el de la Virgen del Rosario. La mesa del altar mayor se dora a principios del siglo XIX.

Otras obras de la iglesia

Teniendo tantos gastos como se tuvo con el retablo mayor, no entendemos como trece años más tarde, en 1677, el visitador Nicolás de Torres manda que se haga un soportal para la iglesia que se realizó al año siguiente y costó 5.534 reales. Para poder pagar fundaron cuatro censos. Y un año más tarde se compró un púlpito que costo 60 ducados (936 reales)

En 1684 Francisco de Tordesillas, maestro cantero, carpintero y albañil, por la obra del granero cobró 800 reales (2.626 maravedíes) y 81 reales por 50 fanegas de cal, 154 reales por piedra y cabios; y dos cántaras y media de vino que pagó el concejo. Tres años más tarde, en 1687 se gastan 12 fanegas de cal para el granero que costaron 115 reales.

 En 1747 se realizó la capilla de San Acacio, sobre el cementerio de la sacristía. Costó 2.147 reales, pagados dos años más tarde. Del contrato de esta obra no tenemos documentación, pero si los gastos de las diferentes obras que se hicieron como fue hacer la ventana grande en la sacristía. El altar que la preside es posiblemente el más antiguo de la iglesia, de estilo del segundo romanismo-marianismo, de finales del siglo XVI, y que quizás fuese el altar mayor, sin saber (que) a qué santo o Virgen le correspondía.  Ocho años después se compra la mampara que costó 26 reales. En 1818 sabemos que la entrada de la iglesia tenía esta mampara, con un postigo (puerta pequeña) para cortar los aires, desconociendo en que año se quitó.

NOTAS COMPLEMENTARIAS

1) La yuxtaposición de las figuras de San Pedro y San Pablo fue una costumbre del manierismo. Por otra parte, dentro de la jerarquía de los santos, San Pedro es la cabeza de la Iglesia y por eso se coloca a la parte del evangelio. Los evangelistas se colocan como testigos de la “palabra revelada”. 

2) El sol y la luna evita estéticamente “el horror vacui” y la dualidad: la luz la oscuridad, el momento en el que se oscureció el mundo tras la muerte y la luz de la salvación. Alegóricamente el rojo representa al sol y el azul a la luna. El sol es la verdad y la Luna la oscuridad, la ignorancia.  

    

Había gran devoción a San Antonio de Padua. Aquí el cuaderno de cánticos de Juan Martín Ballano (1874 – 1956) y libro del novenario. En 1915 el cura por la novena cobraba cinco pesetas al concejo, como también lo hacia por la misa de la fiesta del dos de mayo y la fiesta de septiembre. Dinero que anteriormente no se cobraba  porque el cura se libraba de algunos tributos del ayuntamiento. El cura era Pedro Arnaiz Arranz.


Libro exento, posiblemente de la mano de Santo Domingo

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Pinto a 10 de abril de 2026                                  

Serafín Pérez García

             Serafin.perez.2014@gmail.com   


   









               

 

                            

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                San Francisco                                                                 San Bartolomé

 

 

           

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

San Antonio de Padua (Arriba) (3)

San Blas Abad (izquierda)

 

Obras posteriores al acabado del retablo mayor.

El siglo XVII y XVIII fueron los dos siglos de mayor número de actuaciones. En la capilla mayor se gastaron 366 reales para la compra de baldosas para enladrillar la iglesia y maderas para la decoración de las sepulturas.  Se embaldosó el pórtico y se compuso el granero en 1695.

Acabado el retablo mayor y dorado y estofado se amplía la ventana de la capilla con el fin de contemplarlo en (su) todo su esplendor. Ventana que por cierto debilitó el muro y más tarde colapsó, como puede apreciarse actualmente por el mal arreglo realizado.

En 1749 se realizan unas peanas de piedra de sillería rematadas a los lados del altar y las gradas de las sepulturas de los curas, y la primera en la entrada a la capilla mayor.

En 1771 se contrata a Vicente Constino Manzano  para revocar y encarnar las imágenes de san Pablo y san Pedro, la imagen de Nª Sª y San Juan, pintar el pabellón y los cortinajes del retablo mayor y los tronos de otras imágenes, ocho frontales para el altar mayor y los colaterales.  El encarnado de cinco cabezas de serafines y sepulcro de dicho altar del sepulcro por 1686 reales.  Debemos suponer que donde estaba la dolorosa era el altar del sepulcro. En este año también se compran unas llaves postizas para San Pedro. En 1788 se adquieren tres mesas para el altar mayor y los dos colaterales por 900 reales. Hubo que esperar doce años para dorarlos por 750 reales, pero 15 años después se sustituyen las mesas de los colaterales y el de la Virgen del Rosario. La mesa del altar mayor se dora a principios del siglo XIX.

Otras obras de la iglesia

Teniendo tantos gastos como se tuvo con el retablo mayor, no entendemos como trece años más tarde, en 1677, el visitador Nicolás de Torres manda que se haga un soportal para la iglesia que se realizó al año siguiente y costó 5.534 reales. Para poder pagar fundaron cuatro censos. Y un año más tarde se compró un púlpito que costo 60 ducados (936 reales)

En 1684 Francisco de Tordesillas, maestro cantero, carpintero y albañil, por la obra del granero cobró 800 reales (2.626 maravedíes) y 81 reales por 50 fanegas de cal, 154 reales por piedra y cabios; y dos cántaras y media de vino que pagó el concejo. Tres años más tarde, en 1687 se gastan 12 fanegas de cal para el granero que costaron 115 reales.

 En 1747 se realizó la capilla de San Acacio, sobre el cementerio de la sacristía. Costó 2.147 reales, pagados dos años más tarde. Del contrato de esta obra no tenemos documentación, pero si los gastos de las diferentes obras que se hicieron como fue hacer la ventana grande en la sacristía. El altar que la preside es posiblemente el más antiguo de la iglesia, de estilo del segundo romanismo-marianismo, de finales del siglo XVI, y que quizás fuese el altar mayor, sin saber (que) a qué santo o Virgen le correspondía.  Ocho años después se compra la mampara que costó 26 reales. En 1818 sabemos que la entrada de la iglesia tenía esta mampara, con un postigo (puerta pequeña) para cortar los aires, desconociendo en que año se quitó.

NOTAS COMPLEMENTARIAS

1)    La yuxtaposición de las figuras de San Pedro y San Pablo fue una costumbre del manierismo. Por otra parte, dentro de la jerarquía de los santos, San Pedro es la cabeza de la Iglesia y por eso se coloca a la parte del evangelio. Los evangelistas se colocan como testigos de la “palabra revelada”. 

2)     El sol y la luna evita estéticamente “el horror vacui” y la dualidad: la luz la oscuridad, el momento en el que se oscureció el mundo tras la muerte y la luz de la salvación. Alegóricamente el rojo representa al sol y el azul a la luna. El sol es la verdad y la Luna la oscuridad, la ignorancia. 

       

Había gran devoción a San Antonio de Padua. Aquí el cuaderno de cánticos de Juan Martín Ballano (1874 – 1956) y libro del novenario. En 1915 el cura por la novena cobraba cinco pesetas al concejo, como también lo hacia por la misa de la fiesta del dos de mayo y la fiesta de septiembre. Dinero que anteriormente no se cobraba (a) porque el cura se libraba de algunos tributos del ayuntamiento. El cura era Pedro Arnaiz Arranz

Libro exento, posiblemente de la mano de Santo Domingo

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Pinto a 10 de abril de 2026                                  

Serafín Pérez García

Seraafin.perez.2014@gmail.com