POR SAL AL ALFOLÍ





 

 

 

Apunte nº 73


POR SAL AL ALFOLÍ

En nuestro pueblo, como en todos, necesitaban la sal para diferentes usos de las personas y de los animales. Si en la tienda o abacerías de los pueblos no la había, tenían que ir a otras a adquirirla.

El uso de la sal para las personas

El empleo más importante de la sal era para la conservación de los alimentos: era preciso que la matanza del cerdo como de otras carnes y pescados se conservaran sin estropearse durante largos periodos. No bastaba con el ahumado abundante que se producía en las chimeneas cónicas típicas de las casas, era necesaria la sal.

La sal gruesa con el agua producía la salmuera, donde se introducían las carnes por un determinado número de días, según el tamaño y peso de la pieza. Asimismo, la sal se utilizaba para salar los quesos que se hacían con la leche excedente del ganado.

La elaboración diaria de alimentos también necesitaba de la sal para potenciar el sabor. Aquí se podía utilizar tanto la sal gruesa como la molida según el tipo de guiso que se hiciera.

Se empleó la sal para ritos religiosos y supersticiosos. Antiguamente se echaba sal simbólicamente en la consagración de templos, como símbolo de pureza, también se mezclaba con el agua bendita para que esta no se corrompiera, en el rito del bautismo, como símbolo iniciático y de protección, se decía “recibe la sal de la sabiduría, …”.

 Por superstición se empleó en ritos mortuorios, para los exorcismos, se colocaban montoncitos en las puertas y ventanas para evitar que entrasen espíritus malignos (creían que por las ventanas pequeñas, cerradas entraban menos), para espantar las tormentas, etc. Prácticas que la iglesia en las sinodales de los obispos las prohibía, aunque la gente las seguía haciendo. He visto desde echar sal a las hormigas para extinguirlas o cortarles el paso, hasta para salar la tierra para que no crecieran hierbas indeseables.

La sal se empleó en remedios caseros para curar inflamaciones, heridas, la sarna, infecciones, para aliviar dolores de garganta mediante gárgaras, para limpiar las vías respiratorias con soluciones salinas (lavados nasales), fortalecer las encías, para la cura del herpes, etc.

También se utilizaba para curtir pieles, lavar las tripas, o conservarlas, o como abrasivo para la limpieza de maderas de la casa y de artesas, etc. 

El uso de la sal para los animales

Algunos hemos conocido como los ganaderos ponían la sal sobre un grupo de piedras grandes y planas llamadas “saleros”, separadas unas de otras, y colocadas en círculo, para que no se apelotonaran las reses. A estos lugares se les llamaban los “salegales”. En Blacos había uno en La Peallano y otro en Los Linares, pero ha habido muchos otros, todos ya desaparecidos.  A las ovejas se les solía dar dos veces al mes. Al ganado estabulado, bueyes, mulas, pollinos, se les ponía una roca de sal y lo lamían cuando lo creían conveniente. 

Cómo se conseguía la sal

Hemos visto como nuestros padres compraban la sal en los almacenes, abacerías (tiendas), tanto la sal fina, para el consumo doméstico, como la gorda en forma de bolas de sal gema (mineral) para los ganados de establo.  Este comercio libre fue a partir del año 1869, pues antes fue un producto estanco, que solo se podía comprar en determinados lugares controlados por la Hacienda Real de la Corona (1). Blacos dependía de la Administración del Burgo, donde tenía un almacén llamado alfolí, que se aprovisionaba de las salinas de Atienza (2). Ocurrió que, con la mejora de los trasportes por los ferrocarriles y carreteras, estas salinas tuvieron gran competencia con las salinas de la costa, la sal marina, y la sal de mina.

Salinas de Imon. Población de la Olmeda (Guadalajara). Pertenecían al Partido de Atienza. Foto propia de 2014. Muy recomendable la vista, así como su comarca. Cercana a la provincia de Soria.

Nadie podía comprar la sal en otro alfolí, aunque fuera de la misma Administración, o fuere más barato, ni revender el producto.  Se compraba por fanegas o por otras medidas menores, como eran la media, los celemines o cuartillos. El precio era fijo, compraras mucha o poca, y varió con los años y las épocas, elevando el precio para recaudar impuestos por necesidad de la corona. Los precios variaron entre los 20 reales la fanega y los 50 reales. El precio en las salinas era de unos 5 reales la fanega, pero el transporte, las cargas fiscales, y los salarios de los empleados del alfolí se elevabalos precios indicados. (3) Administrador del alfolí fue Roque de Cogollos, conocido por su mayorazgo en Blacos. (4)

Había dos modos de conseguir la sal del alfolí: una era voluntaria, según la cual  los compradores adquirían la sal para ellos y para otros. Si no se podía comprar al contado, se acudía al escribano de número del Ayuntamiento del Burgo y se hacía un documento llamado “carta de obligación”, en la que  e indicaba el nombre de los compradores y el lugar donde vivían.  Se decía en el documento “dado, vendido, fiado” por el administrador por una cantidad de reales, indicando el número de fanegas y su precio. Se solía obligar a pagar al año siguiente de la firma, por San Miguel de Septiembre. Se firmaba el documento si se sabía. Muchas obligaciones tienen una pequeña cruz que indica que se hizo juramento haciendo la señal de la cruz y poniendo la mano sobre ella.

Foto documento de la izquierda:

 El 19 de septiembre de 1644, Juan de Martín hace una escritura de obligación ante el escribano de número del ayuntamiento del Burgo, Lázaro de Torres. Dice que pagará al administrador de las salinas de Atienza, Antonio de Cárdenas, 100 reales por cuatro fanegas de sal que ha recibido para San Miguel de septiembre del siguiente año de 1645. Arriba la cruz del juramento. (AHPSO, P.N. del Burgo de Osma, Caja 2.957: f 645r) 

 

La otra forma de conseguir la sal era la llamada “involuntaria” (obligatoria) por la cual los concejos eran obligados a hacer acopio para las necesidades de sus vecinos. Si el concejo tenía caudales lo pagaban al contado. Si no había que hacer una carta obligación ante el escribano o fiel de hechos del concejo. El concejo daba poder a los jurados y algún otro vecino para firmar el documento que solía hacerse para seis o diez años, en la época borbónica. La primera obligación que tenemos de este tipo es de 1727, siendo jurados Juan Gañán y Francisco Nafría, poniendo de garantía los propios y las rentas del concejo y las de los vecinos particulares, con sus personas y bienes muebles y raíces, habidos y por haber. Se obligaban “hasta cumplir los diez años si otra cosa no se ordenase por S Mg. Dios Gde “. Se firmó el 4 de agosto, en el Burgo, fecha no muy adecuada por la cantidad de faena que había en la siega y la trilla. Suponemos que la sal se guardaría en el almacén del pósito municipal.

 



 

Foto documento de la derecha:

 Reunido el concejo el 7 de julio de 1728 al que acuden muy pocos, catorce vecinos de cuarenta, pues nos era asunto muy importante, se da poder a los jurados (alcaldes) Juan Gañán y Francisco García, para que hagan el acopio de sal obligatorio. El fiel de hechos, era Agustín de Boos, que también era sacristán 

 


 


 

Escritura de obligación contra el concejo y vecinos de Blacos, realizada el 4 de agosto de 1728 ante el escribano Josep Casajús Azpilcueta para diez años, acabando el plazo en 1737, por nueve fanegas de sal cada ño a 20 reales 20 maravedíes, sacada y pagada en dos plazos. (AHPSO, caja 3128: f 380rv)

En 1746 Francisco Nafría y Juan de Valverde vuelven a hacer otra carta obligación como apoderados del concejo, de 12 fanegas para cada un año de la obligación de acopio de sal. Se hace por seis años, siendo el último acopio en 1752. Las sacas serían en dos plazos anuales, una el primero de junio y otra el día primero de enero, y asimismo se pagarían en dos plazos, el primero, a final de diciembre y el segundo a final del mes de junio. Esta obligación se firmó 17 de diciembre de 1746. 

A veces se hacía la obligación a título personal, otras veces se juntaban varios vecinos para hacer la obligación, podían ser todos del pueblo, y a veces se juntaban de varios pueblos y varios vecinos. (5) Todos se obligaban a pagar al administrador del alfolí para San Miguel de Septiembre del año siguiente, o del mismo año si la obligación de hacía a principios de año. 

Es preciso recordar que el acopio era obligatorio para el concejo y para los vecinos en particular. El concejo para asegurar que todos los vecinos tuvieran sal y para aumentar la venta en el alfolí y por consiguiente pagar más impuestos. Los particulares también estaban obligados a comprar sal. La única limitación es que no tuviera posibilidades.

La compraba cada pueblo y, dependía del vecindario y del ganado que tuvieran. Del censo de la Sal del año 1631 tenemos dos ejemplos cercanos: Boos y Torralba. El primero con 18 vecinos y 385 reses gastaban 22 fanegas. El segundo con los mismos vecinos y tres veces más reses, gastaban 46 fanegas. De Blacos desconocemos el gasto pues solo contaba con los que se retiraba de fiado, que fueron 38 fanegas. Suponiendo una fanega por vecino (51 kg) (6) y lo restante para el ganado. Por las obligaciones podemos saber si tenía bastante ganado y si en ese momento tenía liquidez. Así lo suponemos con Domingo Gonzalo y María Sanz (su mujer) que se les fio por 246 reales 11 fanegas en el año de 1635.

El año de 1692 acudieron unos 20 vecinos, la mayor parte de los vecinos, a realizar una obligación para el fiado de la sal. Acudieron en el mes de enero, haciendo escritura en grupos, llegando a juntarse hasta cinco vecinos “in solidum” llevándose 10 fanegas a 22 r. 20 mv. Posiblemente fueran años de crisis de subsistencia por motivos que desconocemos.

Conocemos las compras que se hicieron con obligaciones los convecinos desde el año de 1633 al año 1743. Obligaciones que aportan muchos datos.

De 1634 tenemos datos de todos los vecinos que tenían obligaciones, ya que, con fines censales, en agosto, acudió al alfolí del Burgo el escribano de Madrid, Miguel Álvarez, como delegado y juez en comisión, envidado por D. Pedro Valle de la Cerda (1552-1647), que era miembro del Real Concejo y Junta de la Sal. Entre ellos estaban Domingo Gonzalo y Francisco Valverde (144 r), Juan de Martín (144 r), Juan de Nafría y Francisco Nafría (144 r), Pedro Domingo y Pedro Gonzalo (96 r), Domingo Gañán y Juan de Tapia (168 r), Pedro Gañán y Juan de martín (60 r), Pedro Velázquez y Andrés Sanz (48 r).  La fanega valía 24 reales. Se pedía al administrador Esteban Miguel que apremiara a los deudores.

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NOTAS ACLARATORIAS

(1)   Esto ocurrió desde la época de Felipe II, antes las salinas eran privadas. El rey lo consideraba que la sal era una “regalía de la corona”, que solo él podía explotarla o autorizar su explotación. Lo hizo para que la Real Hacienda dispusiese de fondos para financiar las guerras.

(2)   Por las obligaciones para el fiado de la administración del alfolí se decía de las salinas de Su Majestad de Atienza, La Olmeda, Armallá y en algunas obligaciones se les llamaba de Molina, y hasta de Cuenca. Las Salinas de Imon, con otras cercanas, hacia 1779 podía producir unas 120.000 fanegas. En 1814 se cogieron 85.406 fanegas, con un coste de producción de 6 reales 9 maravedíes (Canga y Arguelles 1834:548), entre 80 y 100. 000 fanegas (Madoz 1845-1850). La sal se extraía de pozos al comienzo del verano. Los Alfolíes del partido salinero estaban en el Burgo, Soria, Almazán, Gómara, y por otras muchas ciudades de Castilla (Tesis doctoral de Jonatan Terán Manrique “la explotación de la sal en el sistema Ibérico Central …)

(3)   Estas salinas se arrendaban a los llamados absentistas, que pagaban al rey una cantidad determinada y luego la producían y la vendían para sacar beneficio. La corona tenía en cada partido un administrador y un fiel de alfolí, persona que pesaba la sal y la vendía al público.

(4)   Roque de Cogollos, tenía un juro de privilegio del rey sobre la sal de las salinas reales de la villa de Molina y su partido, y las de Atienza por 14.000 ducados. También tenía a censo la sal del Burgo. Juro de privilegio real de 1000 r de renta sobre las salinas de Atienza que el rey don Felipe le vendió a razón de 14000 al millar, que lo hizo en Valladolid el 19 de diciembre de 1601, hecho con sello de plomo de Su Majestad.

(5)   Así en 1698, dos vecinos de Blacos, Andrés García y Juan Gonzalo el Mozo, hacen obligación con otro vecino de Abioncillo, por 19 medias de sal. En 1693 Isidro Martínez, de Abioncillo, con Simón Moreno de Blacos. O en 1697 Juan de Soria Mayor y Pedro Soria, vecinos de Blacos, con Francisco García, de Torreblacos, y Santiago Martín de Abiocillo por 15 medias a 26 r 20 mav la fanega.   

(6)   El peso de la fanega de sal dependía de su humedad. Solían ser unos 51 kg.  La fanega tenía 4 ½ arrobas. La arroba eran 25 libras (11,5 kg).

 

Precios orientativos de mitad siglo XVIII, en reales: oveja 20-25, cordero 13-20, fanega de trigo 15- 30, mula 350 a 1200, vaca 130, buey 200-450, pollino 70 – 300, yegua 300-750reales. Según el Catastro de la Ensenada, el precio aproximado del trigo era de 13 reales la fanega, 11 reales un cordero, 1 real el pollo, un labrador ganaba al día 2 ½ reales, albañil 4 reales.

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Pinto 13 de junio de 2026
Serafín Pérez García 
serafin.perez.2014@gmail.com