LICENCIADO DON PEDRO BLANCO Y GARCÍA (I)

 








APUNTE Nº 62

LICENCIADO DON PEDRO BLANCO Y GARCÍA

(Parte I)

Don Pedro Blanco y García nació en Blacos el 1 de marzo de 1601. Era hijo de Gonzalo Blanco y de María García.

“En dos días del mes de marzo de mil seiscientos y uno, yo Blas Ruiz, vicario de este lugar de Blacos, Bautizé a un hijo de Gonzalo Blanco y María García, su mujer vezs (vecinos) de dicho lugar, fue su padrino Juan Blanco = y llamose Pedro, por verdad que yo Blas Ruiz lo bautiza, lo firmo utt supra =1601” (Libro de Bautizos) 

 

Texto, Carta

El contenido generado por IA puede ser incorrecto.


D. Pedro Blanco fue sacerdote y se licenció en Teología en la Universidad Colegio de Santa Catalina del Burgo de Osma, institución dependiente del seminario. En estos años para entrar en el seminario se debía tener doce años, saber leer y escribir, llevar informe del vicario, que en este caso era del vicario que lo bautizó y hacer la prueba de pureza de sangre (puritate sanguinis) como era la costumbre (1). Lo más probable es que al ingresar en el seminario fuese becado ya que y provenía de familia pobre. En el seminario se hizo Bachiller.

Estuvo destinado en varias parroquias, entre ellas la de Calatañazor (2) y La Barbolla. Aparte de su acción pastoral en las parroquias, realizó el control doctrinal sobre las enseñanzas, ocupando la dignidad de “maestrescuela y coadjutor” del cabildo de la Santa Iglesia Catedral de Osma. 

Desconocemos su actuación doctrinal y pastoral como cura, pero por la variada documentación que tenemos era un administrador meticuloso, cuidador de su familia y devoto de la Virgen de Valverde (en su testamento deja para la fábrica de la ermita cincuenta reales).

Desconocemos la fecha de defunción de D. Pedro Blanco y García. Hace testamento oral el día 8 de agosto de 1663, ante el abad de Santa Cruz, Dr. Francisco Valer y Ximénez, el licenciado Andrés del Río, y el vicario de Blacos, que era entonces Francisco de las Cuevas. Estando postrado en cama por su grave enfermedad, acompañado de su madre María, no pudo firmar el poder otorgado para testar. Cuando se acude al notario para hacer escritura pública, el primero de febrero de 1664, D. Pedro de Escalante habla ya del difunto.

Posteriormente, el 1 de febrero de 1664 se hace el testamento en el Burgo de Osma ante el escribano Pedro de Escalante. De este testamento conocemos la preocupación que tenía por su familia, que no tenía hermanos, y la voluntad de ayudar a personas con inteligencia para que estudiasen y facilitar a mujeres solteras pobres para que contrajesen matrimonio aportando dote.

En el testamento hace confesión de su fe y muestra resignación al destino final. Manda que se le entierre de forma sencilla, como era la costumbre, en el crucero de la Catedral, frente a la capilla de San Pedro. Por su alma manda 500 misas rezadas, que el añal se haga en Blacos, a razón de tres misas por semana, y 30 misas en Rioseco, donde gozaba de una capellanía de Pedro López. (3)

Capilla San Pedro de Osma (catedral)

Manda a Juan García y a María Ibáñez, su última mujer, tíos suyos, (4) deja dos casas (5) y toda la heredad que tiene “de pan llevar, liegos y labrados, labrados y por labrar, del rio al monte”, (6) con la condición que una de las casas a de dar ocupación a María García, su madre, “el cuarto que ella quisiere”. Todos los bienes raíces los deja a Juan García y su mujer y pretende hacer una especie de vinculo de mayorazgo, de forma que sus herederos en vida no podrán vender, ni partir, ni enajenar, y todo a de ir para un heredero, el descendiente mayor, sea varón o hembra. Si no hubiera descendencia pasaría a Diego García, y si no a Marcos Asenjo y su mujer Ana Ibáñez (que eran de Valdenarros) siempre empezando por la línea paterna, y si no hubiere, por la materna y si no, para la fábrica de la Iglesia.

Esta herencia tenía una carga: quien las tuviese debía dar al vicario y al sacristán cada año 20 reales (16 al vicario y 4 al sacristán), y con esto hacer perpetuamente cuatro aniversarios, con misas cantadas, una el día de la cátedra de San Pedro por el difunto (22 de febrero), otra el 13 de abril por el ánima de Gonzalo Blanco, su padre, otra el día que muriese su madre, y otra por las ánimas del purgatorio durante los días del mes de noviembre. Todas las misas tendrían al final un responso cantado.

De sus censos (dinero en préstamos) hace una “donación” de 700 ducados de principal y 300 de los réditos que le deben concejos y particulares. Total 2000 ducados (21.504 reales). Ordena que los réditos los goce su madre mientras viva, y cuando muriese lo gozase Gonzalo Blanco y María Frías, su última mujer, o hermanos del difunto. Indica que los censos no se podrán liquidar, sino que se han de dar de nuevo.

Como todo esto exige administración, ordena que se haga un archivo, donde esté la testamentaría de la parroquia, con tres llaves para los patronos:  una para el vicario, otra para el jurado más antiguo, y otra para Juan García o sus descendientes, Allí estarán las escrituras de los censos y cantidades de moneda de los que fueran redimidos. Este dinero solo se podrá sacar del arca para dotar nuevos censos. En el archivo ha de haber un libro encuadernado en pergamino (6) donde se asienten las escrituras. El patrón poseedor del “mayorazgo” podría nombrar en su lugar a un tercero o a la justicia de Calatañazor.

Una vez muerto su padre y María Frías, con los réditos fundó una “Memoria de estudiantes y doncellas huérfanas y pobres” que permaneció entre 1669 y 1815. Esta memoria era doble: “una para estudiar un estudiante” y “otra para casar una parienta de dicho difunto, o una doncella huérfana cada un año”.

Al estudiante por cada año se le daba 500 reales, sacados de los réditos de los dos mil ducados. El primer estudiante becado fue Juan García, hijo de Juan García y María Ibáñez, que ya entonces estaba estudiando. Tenían prelación los familiares más cercanos, y entre ellos los de la línea paterna, y si no la materna, y si no, un hijo de vecino que fuera estudiante, y si hubiera dos, se daría al “más probado”. Agotados los vecinos del pueblo, se daba a los vecinos de otros pueblos, y la prelación era en este orden: los de Torreblacos, Calatañazor, la Aldehuela y villa de Cabrejas (7). Si no hubiere estudiante este dinero pasaría a la fábrica de la iglesia (cuentas de la parroquia). Se les daba para estudiar para diez años, cuatro de ellos de Gramática en la parte o lugar que quisieren y seis para Cánones (derecho eclesiástico) o Leyes (derecho civil) en una de estas tres universidades: Salamanca, Valladolid o Alcalá. (8)

Los estudiantes como garantía de la aplicación “debían traer testimonio de haber ganado el curso entero y zedula de aprobación del maestro al que oyere de cualquiera de dichas ciencias”. Además, debía llevar” zedula del abad de la facultad donde estudiase”.

Para la dotación de doncellas o huérfanas para casar, era condición “de ser de buen fama y costumbre”. Eran preferentes los familiares de la línea paterna a la materna.  A falta de parienta, se daba a una vecina para ayudar a casarse o “tomar estado”. Si no había en el pueblo candidata se elegía a una vecina de otro pueblo, con prelación de los pueblos de Torreblacos, Calatañazor, La Aldehuela, Rioseco y Cabrejas, (9) dando por solo una vez 40 ducados (480 reales), que venía a ser mayor que la renta media de un vecino, que estaba en torno a los 200 reales. Este dinero lo cobraba el marido siempre que estuviera hecho el casamiento y las velaciones.  Repetía que las doncellas “han de ser virtuosas, honestas y recogidas y de buena costumbre”, de 15 a 30 años, en preferencia la de más edad. Si los padres fueran muy pobres se les puede dan 50 ducados.

Como no era de faltar, destina 2 reales de limosna para cada difunto. (11)

Además, tenía una capellanía fundada en La Revilla, con las 29 heredades que tenía en Blacos, que hacían unas cinco hectáreas y rentaban unos 250 reales al año.

---------------------------------------------------------------------------------------

NOTAS ACLARATORIAS

1) En las disposiciones constitucionales del obispo Enrique Enríquez (obispo entre1602 y 1610), dispuso que los seminaristas: “han de ser mozos de doce años nacidos de legitimo matrimonio, pobres naturales de este obispado, no han tenido defecto físico, se les ha de hacer la reglamentaria información de pureza de sangre, han de saber escribir y leer…”. Para ingresar en el seminario había una “directio” del párroco, con presentación de la partida de bautismo hasta la tercera generación, con árbol genealógico y la confirmación de autenticidad por el visitador diocesano, que solía ser un canónigo. Al final se le solía dar la beca colegial si el aspirante era pobre. Tenemos a varios curas de los pueblos vecinos a los que se les hicieron la prueba: En Blacos: Martín Sancho (en 1652) y Francisco Gonzalo (en 1685), en Calatañazor: Bartolomé Nafría (1696) (fuente: Revista Celtiberia nº 93)

2) En la visita del obispo Palafox a varios pueblos en 1657 nos dice que el cura de Calatañazor era Pedro Blanco, aunque pensamos que su plaza en este arciprestazgo lo ocupara por cesión un tenente cura. Tenía cedido en 1662 los beneficios de los diezmos del arciprestazgo al cura de Blacos, Francisco de la Cuevas. Este lo debía de abonar al cura de Soria, Antonio Rubio Montero, que era Consultor del Santo Oficio y subdelegado de la Santa Cruzada. En total 820 rs. cada año y durante tres años, pagaderos en la ciudad de Soria el primero de septiembre.

3) Gerónimo Gonzalo, cura nacido en Blacos, tenía la capellanía de Pedro López de Rioseco. Lo sabemos por un apoderamiento en favor de cura de Velasco.

4) Este matrimonio tuvo al menos dos hijos: Lorenzo García (+1777) y Alfonso García (que fue cura), De Alfonso tenemos el testamento hecho en El Burgo en 1752, estando enfermo y residiendo en este municipio manda se le entierre en la catedral y que su madre y hermano paguen los gastos. Deja heredera universal a su madre.

5) Ver apunte nº 43 del blog “ Las casas de los curas en Blacos” Pinto a 29 de febrero de 2024. https://blacoshistorico.blogspot.com/2024/03/

6) Los réditos de los censos variaban por años y estaban regulados por ley pragmática, oscilando entre el 3 y el 7%., evitando así el abuso, es decir la usura. El libro forrado de pergamino se conserva en el Archivo Diocesano y constan los años comprendidos entre 1669 y 1815.La administración de los censos podía llegar a ser tarea ardua, aun cuando las cosas fuesen bien. Había que hacer. los contratos bien la escribanía de Calatañazor o del Burgo, pagar el papel timbrado y las tasas, buscar testigos, hacer los viajes, custodiar el dinero, hacer los cobros, las reclamaciones de impagos, expedir recibos, o llevar a juicio de primera instancia o a la Chancillería. Los patronos recibían anualmente las siguientes cantidades por la gestión: al jurado 50 reales, y los otros dos 20 reales a cada uno.  Estos se juntaban el día 8 de septiembre, festividad de la Natividad, para elegir al estudiante y a la doncella y mirar las cuentas. Cuentas que supervisaba el abad de Santa Cruz, canónigo y dignidad de la Santa Iglesia Catedral de Osma. Todo controlado.

7) Elige estos pueblos por la razón de que Torreblacos era anexo a la parroquia de Blacos, Calatañazor y la Aldehuela, por haber sido vicario en ellos, lo de Cabrejas porque creemos que pudo estar de vicario, de hecho, ahí tenía un censo dado al concejo, lo que denota cierta confianza.

8) Se entiende que los cuatro primeros años se hacían para salir Bachiller tanto en la Universidad Santa Catalina como en el Seminario. Lo de estudiar en las universidades citadas era una cuestión de prestigio para el título. No obstante, acabada la carrera, se podían examinar de los seis años en cualquier universidad. Así lo hizo Jovellanos, examinándose en la de Sana Catalina por libre, un siglo más tarde.

9) El orden de los pueblos es el mismo que para los estudiantes, incluyendo Rioseco, entendiéndose que él trataba con los vecinos de este pueblo donde tenía una capellanía ya citada, y algunos vecinos tenían o habían tenido censos. No obstante, hubo años que se dio dote a estudiantes de otros pueblos como fue a un estudiante de Muriel y a una doncella de Boos.

10) Aunque deja para todos los difuntos, cuando era costumbre que se dejase para los pobres, por aquello de la bienaventuranza “los pobres verán a Dios” y estos cercanos a Él podían recomendar el alma del difunto.

11) El obispo absuelve al cura Pedro Bartolomé de estos hechos que en estas fechas era párroco. El vicario Francisco de la Cuevas, del que el obispo Juan Mendoza y Palafox decía en la vista de 1657, “tomó a pensión el curato de D. Diego Ruiz, habiendo venido las bulas, es natural del obispado. Es arto modesto, aunque muy mozo y bastante estudiante”, en los últimos años perdió facultades y lo delata su caligrafía.

12) El Ayuntamiento mantuvo el censo de 300 ducados durante mucho tiempo. Venía del alcalde Urbán Muñoz, vendido a Pedro Blanco por María Muñoz, por testimonio del escribano Francisco Covarrubias, de Calatañazor, realizado el 10-8-1642, reconocido por el concejo ante el escribano Juan de la Monja, de Calatañazor el 18/5/1643. Así se afirmaba en el Catastro de la Ensenada de 1751:

“que el común de este lugar satisface anualmente a la obra pía de D. Pedro Blanco maestreescuela que fue de la catedral de Osma 99 rs de vellón de réditos de un censo de principal de 300 ducados impuestos sobre los propios de él.” (Respuestas Generales; respuesta a la pregunta nº 26, diciembre de 1751, Archivo Histórico Provincial de Soria)

Testamento de D. Pedro Blanco, con autorización.
                                            ------------------ 

Pinto a 5 de diciembre de 2025

Serafín Pérez García

Serafin.perez.2014@gmail.com                                             

 

 





No hay comentarios:

Publicar un comentario