LICENCIADO DON PEDRO BLANCO Y GARCIA (II)

 






APUNTE Nº 63

LICENCIADO DON PEDRO BLANCO Y GARCÍA

(Parte II, continuidad ap. 62)

En el anterior apunte, parte I sobre el licenciado D. Pedro Blanco y García se trató sobre su filiación y en especial sobre su testamento donde nos muestra sus últimas voluntades religiosas, y sus preocupaciones por la familia, por la formación de personas en especial los estudiantes, y por la ayuda financiera a todos aquellos que lo necesitaran para llevar su economía. En esta segunda parte haremos una valoración de su persona y veremos cómo se debía administrar su patrimonio y finalmente su liquidación.

LA ADMINISTRACIÓN DE LAS MEMORIAS:

Francisco de las Cuevas, el primer patrón no fue buen administrador, ni ejemplo para los otros patronos. De hecho, fue amonestado por el obispo Sebastián por

” no administrar otra memoria, y no lo hizo bien cómo tuvo mucha omisión en grabe daño y juicio de sus propiedades y de los aniversarios en la otra memoria…” “Se requirió que presentase escrituras, que lo hiciera en compañía de algunos familiares y que separase de las suyas” (1)

Y apremia a los herederos de Francisco de las Cuevas qué reconozca todos los censos de dicha memoria, haciendo nuevos inventarios y apeos de todas las hipotecas.

En los siguientes años los patronos hicieron más o menos sus funciones con mayor o menor aplicación hasta 1799. El visitador, en 1831 y teniendo en cuenta al visitador anterior, ordenó comprobar las cuentas desde 1799 hasta 1814, pero se desatendió el mandato y se continuó con el abandono.

Las fundaciones pías, que eran vínculos no enajenables, de manos muertas, fueron desamortizadas en la primera mitad del siglo XIX. Para ello hubo que buscar a los herederos de los fundadores, lo que originó bastantes conflictos que tuvieron que sancionar los juzgados. Los párrocos tuvieron la tarea de hacer los árboles genealógicos de los linajes y sus certificaciones.

Las memorias de Pedro Blanco a favor de estudiantes y huérfanos fueron adjudicadas civilmente por el Juzgado de Primera Instancia de Almazán el 27 de noviembre de 1843 en virtud de la ley 18 de agosto de 1841, a Rafaela Origüén, vecina de Torreblacos.

En 1845 se dio la sentencia a la disputa por la herencia del mayorazgo, amparándose en las leyes desvinculadoras de 1840, entre Francisco Ballano y    Miguel Ballano, vecino de Calatañazor, aunque nacidos en Blacos, con el apellido García de segundo, habiendo una sentencia de reparto equitativo. Se pleiteó en Almazán.

VALORACIÓN:

Los curas de primer ascenso, en las aldeas, solían ser atrasados, ignorantes y muchas veces maliciosos, con poca formación reflexiva, toscos, y atropellados en los oficios, descuidados en los apuntes de los libros sacramentales de los difuntos, en la obligación de cumplir las mandas testamentarias de los difuntos y en el ayudar al mayordomo en el libro de fábrica.  No era de extrañar que los visitadores, generalmente canónigos les echaran reprimendas orales y a veces escritas en los libros sacramentales.

No es el caso del sacerdote D. Pedro Blanco y García. Aunque desconocemos prácticamente su carácter, no dudamos de que fuera un buen cumplidor de su función pastoral. De hecho, tenía al obispo Palafox, en los años que convivieron, como modelo de piedad, de caridad y de orden, anteponiendo la necesidad de los demás a las propias, y mirando por la felicidad de todos. Su entierro fue sencillo, y no duda en hacer multitud de misas por su alma y por la de todos los difuntos. D. Pedro mira por su familia, para que no quede desprotegida, fomenta la enseñanza para que las personas despiertas se formen, mira por las mujeres para que salgan de la pobreza fomentando los matrimonios, y no duda en poner el dinero para solucionar la economía de otros, con la mentalidad del momento. Para garantizar la continuidad de la caridad hace fundaciones, indicando como administrarlas, concentrando los bienes raíces, y no acaparando tierra que era más difícil de administrar.

Creemos que ayudó a los mayordomos e impulsó la mejora de las iglesias, tanto en Blacos al hacer la capilla de San Acacio, como el añadir un segundo piso del altar mayor de la parroquia Nuestra Señora del Castillo de Calatañazor. La construcción del   nuevo altar mayor de la iglesia de Blacos, actuación esta que no vio realizada ya que se acabó 1665.

ANEXOS

ESTUDIANTES DOTADOS CON LA FUNDACIÓN, ENTRE OTROS:

Josepf Rojo García, de la Aguilera (Burgos) (1789); Juan García; Pedro Gonzalo (1687-1733), estudió en Santa Catalina del Burgo; Francisco Gonzalo (1689-1701); Idelfonso García; Miguel García (1692), Francisco García; Gerónimo Gonzalo (de Muriel de la Fuente), Juan García Chico (1747); Ramón de Nafría (de Blacos) (1756); Juan García Martínez (1756); Alfonso García (1715).

En 1825 se da al último estudiante. José Pérez, hijo de Gerónimo Pérez, de Blacos. Anteriormente se dio a Alejo Sanz (de Torreblacos), y en el apunte de este, se dice que su anterior fue “Manuel Nafría” es decir Manuel Anselmo Nafría y Sanz (1784-1851), que fue obispo de Coria (Cáceres) y que su padre era de Blacos.

En el libro de asientos hay un salto sin apuntes de 1756 a 1815, por lo que desconocemos a cuantos estudiantes se dotó.  El Seminario se clausuró durante la Guerra de la Independencia (1808-1813), por lo que en estos años no hubo dotación. Algunos estudiantes fueron curas, otros no, y algunos estudiantes se casaron como fue el caso de Idelfonso García.

 

CAPITAL INMOBILIARIO Y CENSOS:

D. Pedro Blanco a su muerte dejó 700 ducados de principal en censos y un pasivo de 300 ducados en metálicos y deudas de réditos.

Conocemos uno concedido a Martín Ranz y Ana Martínez, su mujer, vecinos de Blacos, que se suscribió en 1635 ante Juan de la Monja, Escribano de Calatañazor, Este matrimonio tiene otro de 170 ducados que se lo vendió Francisco de Cogollos en 1649.

A lo largo de los años se concedieron censos con esta fundación al concejo y vecinos de Blacos por 600 ducados, a 15 ducados de rédito que se pagaba el primero de diciembre de cada año siendo alcalde Urban Muñoz en 1642, (2) pudiéndose haber empleado para hacer la ermita, el ayuntamiento, recrecer la iglesia o hacer la capilla de San Acacio, a saber. Se dieron también a los concejos y vecinos de Cabrejas del Pinar, de la Barbolla, de La Aldehuela, de Ines, de Navapalos, de San Esteban de Gormaz (1720), de Fuentepinilla, de Nódalo, etc. Se llegaron a conceder hasta 33 censos entre concejos y vecinos particulares.

Como ya comentamos en el anterior apunte fundó una capellanía en La Revilla, pueblo donde suponemos estuvo destinado: unas cinco hectáreas.

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ANOTACIONES AMPLIATORIAS

1) El obispo absuelve al cura Pedro Bartolomé de estos hechos que en estas fechas era párroco. El vicario Francisco de la Cuevas, del que el obispo Juan Mendoza y Palafox decía en la vista de 1657, “tomó a pensión el curato de D. Diego Ruiz, habiendo venido las bulas, es natural del obispado. Es arto modesto, aunque muy mozo y bastante estudiante”, en los últimos años perdió facultades y lo delata su caligrafía.

2) El Ayuntamiento mantuvo el censo de 300 ducados durante mucho tiempo. Venía del alcalde Urbán Muñoz, vendido a Pedro Blanco por María Muñoz, por testimonio del escribano Francisco Covarrubias, de Calatañazor, realizado el 10-8-1642, reconocido por el concejo ante el escribano Juan de la Monja, de Calatañazor el 18/5/1643. Así se afirmaba en el Catastro de la Ensenada de 1751:

“que el común de este lugar satisface anualmente a la obra pía de D. Pedro Blanco maestreescuela que fue de la catedral de Osma 99 rs de vellón de réditos de un censo de principal de 300 ducados impuestos sobre los propios de él.” (Respuestas Generales; respuesta a la pregunta nº 26, diciembre de 1751, Archivo Histórico Provincial de Soria)

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¿para dónde ir? ¿Qué hacer?





 


Pinto a 7 de diciembre de 2025
Serafín Pérez García
Serafín.perez.garcía@gmail.com


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